La familia en peligro
La célula de nuestra sociedad –tal como la define la Constitución– está seriamente amenazada, herida de muerte casi. Ha sufrido los efectos devastadores de un virus mortal diseminado por la irresponsabilidad de los gobernantes actuales.
La gente bien pensante y la gente bien (la gente comme il faut, vamos) nos interpela y nos convoca a librar una guerra sin cuartel contra dos leyes aprobadas por el Parlamento con mayoría de comunistas, tupamaros y librepensadores de toda laya que carcomen y corroen los cimientos del Uruguayan way of life: la Ley de Salud Sexual y Reproductiva (con la despenalización del aborto incluida) y la Ley de Uniones Concubinarias.
La exclusión, la desocupación, la deserción escolar, los estragos que causa el consumo de pasta base, el individualismo esencialmente antisolidario, el «tanto tienes, tanto vales», el afán desmedido de lucro, los cánones estéticos que conducen a las jóvenes a la anorexia, la cosificación de la mujer, el éxito de los programas televisivos basura, el entronizamiento de la frivolidad que cae cada vez con mayor frecuencia en franca tilinguería, en fin, todas esas cosas que nos revelan un serio e indecente trastocamiento de los valores, nada de eso cuenta. Lo que cuenta es la despenalización del aborto y la posibilidad de que dos personas del mismo sexo vivan en pareja y sean reconocidas a los efectos legales.
Estamos ante un «firme proceso de destrucción y tergiversación de los principios y valores básicos de la familia», han dicho las autoridades eclesiásticas rasgándose las sotanas, pues ambas leyes consolidan «situaciones patológicas o de anormalidad», que son una «amenaza para la integración familiar».
Yo propongo que se lance una buena campaña contra estos atropellos a nuestras más caras tradiciones y que se incluya, también, la prohibición del divorcio, a ver sin enmendamos los atropellos del masón don Pepe Batlle.
Debemos fomentar la hipocresía y el cuidado de las formas. Debemos aparentar con tal de salvar la familia. Debemos someter a los homosexuales a terapias de electroshock hasta curarlos de su patología; y si no se curan, que simulen ser heterosexuales. Las mujeres deben parir (con dolor, según prescribe la Biblia) de modo de expiar la culpa de haberse apareado sólo por placer. Los cónyuges pueden seguir guampeándose olímpicamente pero en clandestinidad, cosa de mantener la apariencia de un hogar bien avenido.
Esta es la propuesta moralizadora para detener el libertinaje impulsado por satánicos legisladores.
La hipocresía y la mentira no son tan malas cuando de salvar a la familia se trata. Como decía la Iglesia española cuando bendecía los cañones falangistas: el fin justifica los medios, benditos sean estos cañones si por ellos ha de llegar la fe y ha de combatirse el peligro rojo.
En eso estamos.
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