País especulativo y país productivo

En el área comercial se han formado importantísimas cadenas que participan en los canales de distribución y servicios, presentes en todo el país; me estoy refiriendo a cadenas de supermercados, grandes espacios como los shoppings, cadenas de tiendas o zapaterías de artículos manufacturados y diversidad de otros rubros, como artículos del hogar, juguetes etc., que al ser mayormente importadores, desplazan permanentemente a las Pymes, ya que las mismas no pueden competir, por volumen, capital y canales de distribución etc. Todo esto trae una polarización de nuestra sociedad, que se caracteriza por la dificultad de subsistir por parte de las pequeñas empresas frente a las fortalezas de grupos o cadenas poderosas.

Veamos un ejemplo del proceso: una gran superficie como un hipercentro trae como consecuencia sociales la pérdida de cuatro empleos frente a uno nuevo, la anulación de una pequeña empresa a cambio del salario que abona la gran superficie, que será considerablemente menor al que percibía el dueño de la Pymes y sus empleados.

Naturalmente la política monetaria y cambiaria favorecen la importación y desincentivan la industrialización. Los inversores extranjeros invierten básicamente en rubros primarios donde los commodities tienen precios en el mercado internacional casi ideales, pero cabe la pregunta, si mañana dichos valores no se sostienen ¿se quedarán igual en el país? ¿o corremos riesgos de retiros acelerados, con las consecuencias que eso significaría?

La situación demográfica tiene una situación preocupante, tenemos igual o menor número de habitantes, en relación a 6 años atrás y dicha relación continúa en baja, con el agregado que entre jubilados, pensionistas, funcionarios públicos etc. llegamos a un 40 % de la población dependiente del Estado. Esta herencia recién se está intentando modificar por primera vez en décadas, a través de la OPP que dirige Rubio, pero el problema quizás requiera de cambios más profundos.

El gobierno del FA es una esperanza para todos los ciudadanos, es parte del colectivo imaginario de cambio y esperanza. Pero las tendencias casi neoliberales en materia económica hacen lo contrario. El proyecto país continuará con un crecimiento del PBI como hasta ahora, pero con un techo que significa la polarización social a niveles no de pobreza, pero muy por debajo de la canasta familiar. Esto no es un problema de tiempo en el gobierno, sino un problema de comprometernos con el Uruguay productivo y alejarnos de las presiones del Uruguay especulativo y financiero.

Sintetizando: primero lo productivo, luego lo financiero y especulativo, este es el orden progresista que nuestro imaginario colectivo está esperando.

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