Algunos números de la Intendencia de Canelones
Días pasados se dieron a conocer los resultados presupuestales oficiales de la totalidad de las intendencias municipales del país, correspondientes al período 2002-2006 (se acompaña cuadro expresado en millones de dólares).
Como puede observarse, en general, los números municipales acompañaron y acompasaron los signos característicos del proceso macroeconómico del país en ese período, esto es, partiendo en el año de la debacle (2002) con abultados déficits, los resultados fueron mejorando sostenidamente hasta alcanzar superávit, en conjunto y por primera vez, en el año 2006.
Las únicas excepciones a dicha tendencia general de mejora fiscal en el Ejercicio 2006 fueron las intendencias de Canelones y Colonia (ver cuadro).
En función de la magnitud y trascendencia –incluso política– de tan curiosa y excepcional realidad, merece especial consideración la situación de la Intendencia Municipal de Canelones.
Hagamos un poco de retrospectiva.
En lo personal, a principios de aquel nefasto año 2002, asumíamos la titularidad de la Dirección General de Hacienda de la IMC, sin siquiera poder imaginar lo que nos esperaba.
Con el Presupuesto 2000-2005 ya en ejecución y con la estructura del gasto ya definida, la Intendencia y todo el Departamento de Canelones enfrentaron, prácticamente, la peor crisis económica de la historia contemporánea del país.
Corrida bancaria primero, feriado bancario después, cierre de 4 bancos más tarde (millones de pesos en cheques devueltos en la tesorería municipal), fuerte devaluación de la moneda nacional (de un día para otro se duplicó el valor del dólar), gigantesca caída de la recaudación, cuasi cesación de pagos a nivel estatal, etc. Ese año (2002) arrojó un resultado fiscal deficitario de U$S 23 (millones de dólares).
Pero inmediatamente, desde el inicio de ese mismo año 2002, comenzamos a tomar una serie de medidas dirigidas al equilibrio de las cuentas fiscales, fundamentalmente, en dos direcciones principales: la potenciación de los recursos e ingresos municipales mediante un ambicioso Plan de Recuperación de la Morosidad (morosidad que se situaba por aquel entonces en un guarismo superior al 70%), la aplicación de Sistemas de Mejora de Gestión, entre otras tantas medidas; y un férreo control del gasto, muchas veces antipático.
Ya al año siguiente (2003), con la profundización de las medidas adoptadas, con la masiva informatización de las dependencias municipales, con las oficinas recaudadoras de todo el departamento por primera vez en red, en plena vigencia del sistema de franjas en la Contribución Inmobiliaria que topeaba la incidencia de los reaforos en el impuesto, la morosidad llegó a bajar al rango de un 30 a un 40%, y se empezaron a percibir los primeros resultados de las medidas enunciadas.
De ese modo, el Ejercicio 2003 cerró con un déficit de U$S 15,2 (millones de dólares); por tanto, se pudo bajar el nivel del déficit en U$S 8 millones respecto del año anterior.
Por otro lado, la reestructura del gabinete y la supresión de cargos de confianza, el control de los consumos, de la locomoción oficial, de la telefonía celular, del combustible, etc., permitió seguir abatiendo el gasto. Así, el resultado del Ejercicio 2004 fue de un déficit de U$S 13,2 (millones de dólares), por lo que se logró, sucesivamente, disminuir el resultado negativo en otros U$S 2 millones en relación a 2003.
Finalmente, luego de atravesar además y para colmo- desastres climáticos, inundaciones sin precedentes, evacuados por todo el departamento, crisis alimentaria, aftosa y demás males (todo ello sin recibir, a diferencia de lo que sucede hoy con Canelones, asistencia financiera alguna proveniente del gobierno central), pero perseverando en la misma línea de acción, en el año 2005, después de un esfuerzo enorme en aquellas dramáticas circunstancias, se entregó la Administración a las nuevas autoridades departamentales con un resultado superavitario de U$S 1,9 (millones de dólares).
Y bien. Para asombro de todos, el primer año de gobierno frenteamplista, en lugar de consolidar las cuentas, se despachó con un déficit de U$S 13,8 (millones de dólares).
Las razones son conocidas: aumento exponencial de los cargos de confianza política , incremento sustancial de la plantilla de funcionarios, y similares. Lo peor es que, según declaraciones públicas del actual director de Hacienda de la IMC, el déficit del año 2007 será aproximadamente equivalente al de 2006.
Pero esta nota no apunta (apenas tangencialmente) a la crítica de la Administración frenteamplista, sino a la visualización en perspectiva del tramo anterior al que refieren las cifras publicadas.
Por fin, ni mediáticos ni verborrágicos, los números están allí. Fríos, objetivos, transparentes, están allí a disposición de quien quiera consultarlos, entenderlos y extraer de ellos, libremente, sus conclusiones.
Es que también los números, como se dice de la Justicia, a veces tardan mucho, demasiado, pero finalmente llegan.
Y a veces, no sólo emulan a la justicia, llegan a parecerse a ella.
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