El marxismo: el papel del individuo

En términos sociológicos sólo existen los individuos y sus relaciones sociales. La sociedad no posee existencia aparte de los individuos que la componen. No hay una entidad metafísica de vida propia, sea un ser colectivo o un alma de los pueblos.

Ahora bien, ¿cómo se compatibiliza la lucha de clases y la acción de los individuos? El marxismo afirma que la lucha de clases y no la acción de los individuos aislados determina la marcha de la historia, que son las masas, es decir, las fuerzas sociales activas, el motor de la historia. No obstante, las masas se integran por seres humanos, que actúan con acciones espontáneas, que pasan siempre por su conciencia, o con acciones conscientes, premeditadas y planificadas.

Es cierto que esas acciones están condicionadas por las luchas sociales y, en última instancia, por el desarrollo del modo de producción. Pero sin la acción consciente de los hombres concretos (relevantes o insignificantes) no habría devenir histórico. En efecto, si vale sostener que los acontecimientos históricos trascendentes se han elaborado lentamente en el transcurso del tiempo merced a pequeños esfuerzos desconocidos, también vale afirmar que las tendencias y anhelos, se condensan y revelan en momentos dados por el pensamiento y la acción de algunos hombres más talentosos o influyentes.

Se trata, una vez más, de relacionar el papel del individuo con el de la colectividad. «La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación (…) olvida que las circunstancias se hacen cambiar precisamente por los hombres» (Marx). Con frecuencia una batalla, un hecho político o un descubrimiento científico, son decididos por la acción de un individuo, que en tanto expresa necesidades sociales influye en otros individuos.

Los individuos hacen su propia historia, pero no eligen las condiciones, ni son libres de presiones materiales, ni disponen de un conjunto ilimitado de posibilidades. Su conducta está determinada por el orden social en que viven, el cual ha modelado sus físicos, sus psiquis, sus categorías de pensamiento, sus esperanzas y sus temores. A su vez, mediante su acción, puede modificar la naturaleza o la sociedad. De hecho, el individuo cambia con la sociedad de la cual forma parte.

La acción humana puede ser activa o pasiva. El hombre es un ser activo, pero no siempre su actividad es libre y consciente. Esa actividad se acompaña de una parte de pasividad, que disminuye con el desarrollo de su conciencia, pero que jamás desaparecerá completamente. Actividad y pasividad se acompañan como polos de la contradicción..

» Así pues, vemos que, gracias a las peculiaridades singulares de su carácter, los individuos pueden influir en los destinos de la sociedad. A veces, su influencia llega a ser muy considerable, pero tanto la posibilidad misma de esta influencia como sus proporciones son determinadas por la organización de la sociedad, por la correlación de las fuerzas que en ella actúan. El carácter del individuo constituye un `factor’ del desarrollo social sólo allí, sólo entonces y sólo en el grado en que lo permiten las relaciones Se nos puede objetar que el grado de la influencia personal depende asimismo del talento del individuo. Estamos de acuerdo. Pero el individuo no puede poner de manifiesto su talento sino cuando ocupa en la sociedad la situación necesaria para poderlo hacer.»(Jorge Plejanov, `El papel del individuo en la historia’ )

La acción de las masas constituye el factor subjetivo de la historia. Pero siempre están presentes los factores objetivos: correlación de clases, pobreza, cultura, estructura del poder, etc.; unos y otros interactúan. Se desprende de ello que no hay que esperar la maduración de las condiciones objetivas, sino obrar sobre ellas.

Tampoco hay que pensar que la voluntad mesiánica de pocos modifique el conjunto de factores subjetivos y objetivos. Por no comprender la teoría marxista devienen frecuentemente dos errores trágicos: el economismo, que predica la sumisión a las leyes del desarrollo económico, y el voluntarismo, que desconoce las condiciones objetivas mínimas necesarias para emprender una acción revolucionaria victoriosa.

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