Estado, burocracia y corrupción
El procesamiento de Juan Carlos Bengoa y otros ex funcionarios de la Intendencia Municipal de Montevideo debe conducir a una discusión de fondo sobre la administración del Estado por parte del Frente Amplio. Sobre todo en la Intendencia Municipal de Montevideo, donde el Frente Amplio es gobierno desde hace casi 18 años, nada menos.
La pérdida de millones de dólares junto a otras formas de corrupción como coimas, etc., no debieron pasar desapercibidas para el gobierno de Montevideo, para el Frente Amplio, para el famoso Tribunal de Cuentas de la República, para la prensa, partidos de oposición, el sindicato de trabajadores municipales, o los varios que existen en Casinos. Un elefante andaba rondando y nadie lo vio.
Afirmar y demostrar que el sistema capitalista es corrupto por esencia no resuelve el problema. Aunque permite avanzar en la comprensión del funcionamiento de aparatos estatales donde existen controles sobre controles. Pero ninguno funciona con eficacia. La esencia de los aparatos burocráticos del Estado es el de la sobrevivencia. Su principal función es engordar, existir, expropiar a la sociedad de tal forma que esta no encuentre formas de controlarlos, de dirigirlos, de conducirlos.
No quitamos ni agregamos ninguna responsabilidad a Bengoa y el grupo de socios que dirigieron Casinos Municipales durante cinco largos años, en un proceso que de continuar en esta vía pretende llevarse puestos a más de un ministro del gobierno frenteamplista. A esto se agrega la defensa incondicional que el ministro de Economía ha venido practicando para el caso Bengoa.
¿Era muy difícil saber que en Casinos Municipales existieron, como se muestra ahora, intereses comunes entre varios jerarcas? ¿Cómo se planta el gobierno del Frente Amplio, nacional y municipal, frente a esta crisis que puede terminar volteando ministros no bien pase enero?
Lo que se está acabando en el Uruguay es una forma de funcionamiento y la misma existencia del viejo y carcomido estado burgués. Que la primera expropiación del interés público que hace es permanecer en su mayoría insensible a las necesidades de las masas. Analicemos que más de 200.000 funcionarios, es decir alrededor de 1.000.000 de personas con sus familias en un país de 3 millones y pico de habitantes trabajan en el Estado. Un Estado capitalista donde la base de la propiedad es privada, cuenta con un aparato estatal donde hasta los Casinos son estatales.
Este enorme aparato, se vuelve a mostrar, funciona sin controles, sin contrapesos, sin participación de la sociedad, sin control de los trabajadores, no sólo los municipales, sino de todos los trabajadores. Se trata del Estado, que representa al conjunto de la sociedad.
Nosotros creemos que existe un fin, el ocaso del viejo Estado burocrático que debe ser sustituido por un nuevo tipo de Estado, un Estado que sea sentido como propio por la sociedad, un Estado colectivo en su funcionamiento, un Estado estatal valga la redundancia no privatizado por las corporaciones, los partidos, los intereses privados. Un Estado social, revolucionario, democrático de raíz, controlado por la sociedad. En la vía que proponía Lenin, donde la estructura no sea permanente, donde se rote en las funciones, donde los controladores no sean los mismos del «hoy por vos, mañana por mí».
La Reforma del Estado del que todos hablan será revolucionaria o no será. El cirujano no puede hacer una intervención eficaz con el bisturí mellado. La sociedad necesita sacarse de arriba los viejos aparatos expropiadores del interés público. Cuesta mucho porque una parte importante de la misma sociedad, también de nuestra dirección, está implicada, por mil vericuetos de intereses, a lo viejo. Alguna agua correrá aún antes que estos asuntos se analicen. Todavía el peso conservador de las capas con peso en la sociedad lo obstruye.
Pretender hacer un programa y persistir en objetivos distintos utilizando el mismo mellado instrumento estatal es una contradicción insalvable. Ahora, al parecer, en el Frente Amplio, son pocos los que lo perciben y más los que se colocan anteojeras para no verlo, aunque les cueste un cargo ministerial que afecta al gobierno popular.
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