El conflicto con Argentina y los petrodólares bolivarianos

El discurso de asunción presidencial en la Argentina, la valija venezolana y su derrotero previsible, la referencia a Uruguay imputándole violación del tratado en plena ceremonia ganancial, con el invitado presidente uruguayo allí presente. Su estoica actitud para soportar el embate, y su posterior calificación de valientes a las palabras de la presidenta de los argentinos al referirse al Uruguay en pleno día de gloria personal y conyugal en y con el poder, son hechos complejos, difíciles de asimilar.

Si realmente se asume por el gobierno argentino tal como dice, que el conflictivo tema binacional torpemente alimentado se resuelve con el futuro y cada vez más próximo fallo de La Haya, y ante la inocultable realidad que la planta está produciendo a toda chimenea y de contaminación por suerte nada a pesar del seguimiento, entonces, ¿para qué en plena ceremonia decir lo que se dijo?

Si se espera el fallo, alcanzaba con decirlo para civilizar lo que ya tiene visos impresentables. A lo sumo hacer mención al hecho de la espera del fallo y el sometimiento anticipado a lo que se disponga por el Tribunal supremo de la ONU, sin seguir cultivando el chirreante crujir de estas bochornosas ineficacias compartidas.

Pero no fue así, sino todo lo contrario. En medio de un estupendo discurso dicho con talento y oficio, se eligió introducir lo innecesario en plena algarabía de asumir la presidencia y ocupar un lugar en el libro de los récords. Acusar al Uruguay representado por su Presidente que no podría contestar nada, que fue hasta allí para cumplir, después de los errores acumulados en plena cumbre de Santiago, fue un gesto que en nada ayuda a mejorar la hoy menguada imagen de la región en el mundo.

Nuestros políticos vernáculos cuando devienen en voceros internacionales de sus gobiernos, parecen no saber o no querer diferenciar su forma de actuar ante el mundo internacional organizado y el imprescindible meticuloso cumplimiento de sus deberes estrictos para poder entenderse entre culturas diferentes y con intereses contrapuestos. Hablan y actúan como si lo hicieran en el comité de su partido o pensando en sus internas nacionales, y así nos va.

Basta con recordar cómo le fue a Chávez cuando se pasó de rosca, y el «por qué no te callas» realmente propinado, que le costó definitivamente mucho y por mucho tiempo.

El incidente en Santiago no explica el fracaso electoral de su rechazada propuesta revolucionaria plebiscitada, pero ayuda a entender cuánto afectó este incidente a la imagen de petropoderoso invencible y sin límites, que quiere mostrar ante los suyos y ante quienes se le cuelgan de sus favores y valijas.

Se aproximan las elecciones en Paraguay, un país del Mercosur que seguramente corre el riesgo de ser atropellado con indebidos apoyos al candidato que guste más a otros presidentes, quienes quizás buscarán operar a fuerza de los petrodólares que recibe en tal cuantía, que le lleva a casi no saber bien qué hacer con ellos.

El venezolano va a estar en el poder hasta 2013, según lo anuncia, así que en nuestra próxima elección nacional, deberemos estar todos atentos para que por aquí no llegue lo que no debe llegar, y evitar que alguien se entrometa en lo que no debe jamás entrometerse. Busquemos evitar el enojo del intrusivo mecenas porque después, cuando se llega al gobierno, no se hizo lo esperado.

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