Escrito por: Por Carlos Scorovich - Militante del Frente Amplio
Lo que me llevó a escribir lo que sigue es una historia de vida que le pudo haber tocado vivir a muchos habitantes de ambas márgenes del Río de la Plata en las décadas recientes.
En pocos días asume, como diputada de la Nación en la República Argentina, la joven Victoria Donda Pérez, elegida en las últimas elecciones. Así dicho, sin detalles, no sería novedoso. Pero tiene un trasfondo que me conmovió profundamente cuando de boca de la protagonista escuché su historia. Aunque sabemos de muchas, de estas características, creo que esta es muy especial. Es desgarrante, valiente, extraordinaria.
Nació en cautiverio en la ESMA, emblema de la tortura y muerte durante la dictadura de la vecina orilla. Sus padres son desaparecidos. Fue entregada a manos de un torturador que allí accionaba. Y para redondear este maquiavélico acontecimiento, su tío era uno de los que siniestramente ‘trabajaba’ en el lugar, que se presupone ‘entregador’ de sus padres.
Hace un tiempo, con la lucha permanente de las organizaciones que buscan a hijos y nietos de desparecidos, pudo saber fehacientemente, quiénes eran sus verdaderos padres, y qué destino habían tenido. A su vez el padre ‘adoptivo’ fue detenido y en esa situación permanece.
¡Qué difícil manejar y poder lograr acomodar sus sentimientos! Sin embargo, con una enorme capacidad de amor y de comprensión, relató al periodista, dentro del mismo edificio donde ella nació, que desde hace un tiempo fue rescatado y funciona como Museo, lo que sentía. “Cuando se quiere, se quiere”, dijo referente a su ‘padre adoptivo’. Y al instante pasó a otra frase que me impactó, escuchada de sus labios: “Está donde debe de estar, cumpliendo una condena, pagando un delito que nunca un ser humano debe cometer”.
Invitó a todos aquellos jóvenes que se encuentran en su misma situación, o que sospechan de ella, a buscar su verdadera identidad, aunque se transite un camino doloroso, pero que finalmente será justo y verdadero.
Aquí quiero manifestar lo que me pasó por la cabeza cuando escuchaba estas declaraciones. ¡Cuántos de nosotros pudimos tener esta misma historia tan dolorosa! Pensé en mis hijos, en los hijos de tantos compañeros que sufrieron el terrorismo de Estado.
Entonces es justo que tras varias décadas de haber arribado a la democracia en nuestro país, los gestores de planes tan siniestros y reñidos con el sentimiento humano paguen sus culpas y estén donde están.
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