Hoy comienza en Montevideo la XXXIV reunión del Consejo Mercado Común y cumbre de jefes de Estado del Mercosur. En el marco de esta cumbre, Uruguay le entregará la presidencia pro témpore a Argentina.
La situación del Mercosur es compleja y como todo en la vida, con aspectos positivos y otros negativos. Dentro de los negativos se inscriben los problemas entre Argentina y Uruguay; la lentitud para resolver el tema de las asimetrías entre los países más grandes económicamente y los países más pequeños y las dificultades para la incorporación como miembro pleno de Venezuela, focalizadas en los parlamentos de Brasil y Paraguay.
Entre las positivas sobresalen la instalación y puesta en funcionamiento del Parlamento del Mercosur; el avance en el estudio del Código Aduanero del bloque que permitirá el doble cobro de arancel externo y la libre circulación de los bienes; la firma de un TLC con Israel; el interés de otros países por integrarse al bloque y el nacimiento del Banco del Sur, en el que los países del Mercosur son parte fundamental.
Con enormes dificultades, se empieza a plasmar en hechos una concepción nueva del bloque regional, superadora del economicismo y que apuesta también a un papel político y estratégico en la región. No es poca cosa que tres elementos tan importantes como el Parlamento, el Código Aduanero Común y el Banco del Sur, ya se encuentren en marcha. Las dificultades no pueden sorprender, en realidad, sólo son una extensión de las que enfrentan a nivel nacional todos los gobiernos de izquierda y progresistas en cada uno de los países. Sin duda se necesita más diálogo, más discusión política, más voluntad de las economías más desarrolladas del bloque para contemplar a las más débiles y más flexibilidad para encontrar salidas a los problemas que están planteados. Pero más allá de sus problemas y contradicciones el Mercosur tiene un papel para jugar en la región y en el mundo, potenciando económica y políticamente a cada uno de sus países miembros y constituyéndose en un referente y una voz representativa en el concierto internacional.
En ese marco, es muy importante que el Mercosur se constituya en un foro regional de debate y solución de los problemas políticos que enfrentan nuestros pueblos. Es cierto que sería deseable que fuera el ámbito para relanzar el diálogo con Argentina, pero más necesario aún es que haga sentir con mucha fuerza su respaldo al gobierno de Evo Morales y a la democracia en Bolivia.
El sábado el presidente boliviano, el primer mandatario indígena de la historia de América Latina, recibió la nueva Constitución emanada de una Asamblea Constituyente que será sometida a referéndum en el primer semestre de 2008. Lo acompañó una multitud de indígenas, campesinos, mineros, maestros, estudiantes, trabajadores, cooperativistas y formaciones de los diferentes cuerpos de las Fuerzas Armadas. Pero la derecha y la oligarquía bolivianas no están dispuestas a aceptarlo, intentaron todos los caminos para bloquear el funcionamiento de la Constituyente; en Sucre se ha denunciado que grupos paramilitares de ultraderecha circulaban en coches con esvásticas y gritaban consignas racistas como “el que no salta es una llama”, en referencia a los indígenas y campesinos.
Los gobiernos de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando aprobaron de facto la autonomía; escondiéndose tras un lenguaje descentralizador, en realidad quieren dejar para sí los recursos mineros y el gas natural. La oligarquía boliviana ha llamado a la desobediencia civil, pretende dividir la nación andina para seguir adueñándose de sus riquezas e impedir que se profundice el proceso de cambios encabezado por Morales.
La gravedad de la situación motivó a Uruguay a proponer un pronunciamiento público de los cancilleres del Mercosur en respaldo a la democracia en Bolivia. Es un paso importante, pero la cumbre que comienza hoy debería mandar una señal más fuerte aún de respaldo a la democracia y los cambios que se construyen en Bolivia.
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