Corrupción

El tema es más viejo que el agujero del mate. Está ínsito entre los más arraigados vicios del ser humano, que no quiere decir que no hubiese mayoría de gente honesta.

En la vieja Persia, hace miles de años se le dejaba al sátrapa, cuando era electo, un día entero las puertas del tesoro abiertas para llevarse todo lo que quisiera y en las cantidades que pudiese. Pero pasado ese día si se le comprobaba que robaba un solo maravedí o piastra, le cortaban la cabeza. O sea, daban por sentado la segura probabilidad e la coima o favores espurios, siendo preferible que lo satisficiera legalmente «ese» día a que «ordeñara» una corrupción permanente.

Pero, si bien lo de los persas pudiese ser exagerado, en todo gobierno o partido político multitudinario siempre aparecen inevitablemente en el tiempo, algún o algunos vivos que son chorros o coimeros por antonomasia. Viene al caso pues, el Partido Blanco en el transcurso de 170 años construyendo el país, le guste o no a quien sea, pudimos tener a Dios gracias muy pocos, pero los han habido, y se les sancionó correspondientemente en sus oportunidades expulsándose de la colectividad. Tal vez como consecuencia histórica impuesta por el fundador libertador Oribe que fuera ejemplo fanático de austeridad y rectitud en la administración de los dineros públicos. Probado el dolo o coima judicialmente, el «botazo» siempre fue inmediato e incluso se nos endilga, no sin razón, que los blancos son mucho más duros en esa materia sansionatoria con los propios que con los ajenos.

Fuimos los blancos los que por mucho tiempo únicamente adoptamos estas medidas. Pruebas al canto. Esa razón explica el porqué el sonsonete mal intencionado y agraviante frenteamplista de que «blancos y colorados somos lo mismo» o lo que es peor o igual «que todos los blancos son ladrones», justo nosotros que hicimos la patria, lo que más nos ofende o pega en el bajo vientre como se dice vulgarmente.

Pero además, bastaba que algún blanco traicionara su colectividad y pasara al Frente, para automáticamente transformarse en el «casto José» siendo un ejemplo de probidad, poniéndose incluso de censor de sus antiguos correligionarios. Hay ejemplos notorios y emblemáticos a rolete.

En el tema Banco Hipotecario nos cayó una cuota. Y el honorable, estoy seguro adoptará las medidas como siempre nos fue costumbre, Comité de Conductas mediante. Justo también y sin querer justificar a nadie, los dos casos no son idénticos y por cierto distintos. Uno no tiene vuelta el abuso de funciones y el otro en cambio, sin ir nada más allá de una solidaridad tal vez, muy mal entendida, firma y aprueba. Capaz que por falta de experiencia o poca cabeza, no midió responsabilidades y sus consecuencias son justas. La «quedó» como corresponde.

O sea, hay una diferencia como se dijo, notoria en el matiz ético. Y en el Frente, otro partido multitudinario, pasa lo mismo. Y no le acepto el argumento que en TV hizo un conocido director de una revista de izquierda, que el caso Nicolini fue distinto en forma justificativa, en el programa de la señora Raquel Daruech. Es lo mismo con matices someros y agravado por la conducta previa de Nicolini que en ejercicio del cargo de senador, se dedicó a ensuciar blancos honorables como el Dr. Guillermo García Costa, un lujo intelectual y ético para cualquier partido político sin dudas (???).

Aquel viejo refrán, sabio como todos ellos, que «Tata Dios castiga sin palo ni rebenques» o el otro irónico, que «las alegrías van por barrio» se dio en ese caso y en los otros como el de los casinos perdidosos únicos en el mundo, o la de las licitaciones para compras de armas, aún no aclaradas y que tanto están dando que señalar. Y es probable que sigan apareciendo más, como siempre pasó. Y que yo sepa, a ningún blanco se le ocurrió tachar a todo el Frente Amplio por unanimidad, ser ladrones, coimeros o afines.

Y lo que es más, tragicómicamente serio, si mañana retornaran como lo han hecho muchos que idos al Frente vuelven a las tiendas de Oribe, se nos ocurra tacharlos de santos varones, por ese solo hecho.

¡Jamás hicimos esas estupideces irreverentes!

Esas son diferencias entre otras, que nos marcan el ser blancos.

Siempre cito el dicho de Haedo: ¡en política, los idiotas pierden por idiotas!

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