Una verdad a medias… tintas
Un artículo del senador Michelini produce una respuesta de Niko Schvarz que me lleva a escribir sobre un tema que, es cierto, ha estado en la prensa de izquierda, debatido y conversado en ruedas de boliche.
Donde no he terciado en dicha controversia porque consideraba que, en última instancia, todo lo que se quiso hacer y luego lo que se pudo hacer y decidir fue bueno para la acumulación de fuerzas y posteriormente derrotar a la dictadura. ¿O acaso es menos político, o se es menos revolucionario pensar en una estrategia de unidad antidictadorial que tenga como corazón al Frente Amplio y a Wilson Ferreira Aldunate y haya un campo de convergencia apoyado por multitud de votos?
En la consecuencia de una línea que estableció el PCU de aquel entonces, forjar una unidad amplia y profunda que aislase a la dictadura, unirse a Wilson, incluso votar junto a él ¿era o no casi natural?, era Natural. Los que estuvimos en la huelga general, los que fuimos protagonistas, pasamos a la clandestinidad y resistimos hasta caer presos sentimos lo importante que fue el apoyo de la gente de Wilson, la prisión del capitán Murdoch y, en particular, las reuniones con Wilson en Buenos Aires, hasta el horrible asesinato de Zelmar y Toba, los Whitelaw y Liberoff.
Había una mentalidad de unidad que era lo que aquí adentro cultivaba la gente, las banderías no importaban, importaba estar contra la dictadura, entonces era natural pensar en votar juntos. Desde la cárcel, Seregni elabora la línea de votar en blanco que el FA mantenga y muestre su propia identidad (hay testigos que dicen que quien sacó la decisión fue el doctor Hugo Batalla). Miremos el escenario: 1982, plena clandestinidad, cuando la dictadura seguía golpeando la resistencia, en particular a la estructura del PCU, la UJC y la CNT, no en balde en los penales de Libertad y Punta de Rieles en esos años caen los «otorgueses» jóvenes estudiantes y los veteranos de la
CNT. Freire Pizano, Bonelli, Pedro Aldrovandi, Juan Acuña y Beatriz Martínez, alguno de los compañeros con 80 años de edad.
En ese cuadro represivo, miremos lo difícil que supone un viraje, un cambio de línea. De un lado una línea estratégica vigente (más allá de la puntual: el voto) por el otro la imagen de Seregni y sus vínculos con los compañeros del Frente (que nunca dejó de ser eso: un Frente) lo disfrutamos y lo sufrimos ayer, hoy y también mañana, sobre todo cuando tengamos que elegir candidato a Presidente. Es difícil entender al Frente en la legalidad, cuanto más en plena clandestinidad, donde la desinformación de los servicios operan a discreción. Sólo me queda contar qué pasó, cómo lo vivimos en el Penal de Libertad. En el 1er. piso A, en abril de 1977 nos bajaron del 3º a Gerardo Cuesta, Massera, el Yiyo Manfrini y a mí, después traen a todos los miembros del Comité Central y del Ejecutivo.
La figura central era Jaime Pérez, cuando recibo la visita de mi hijo Gabriel (hoy fallecido), en aquel entonces, militante antidictadura en Las Piedras, afiliado al Partido Socialista, me insinúa en el teléfono, ACF, y en la despedida me murmura, votamos con el Wilson, a Jaime Pérez le llegó lo mismo, Altesor también estaba en la misma: votar juntos con el Wilson. Tanto fue así, que a Altesor lo llevaron al Hospital Militar. En ese entonces ya había una campaña muy fuerte por su libertad, tenía una operación al corazón que le hizo Favaloro en Buenos Aires y, en lugar de exiliarse, vuelve al país y cae preso, siendo secretario nacional de Organización, lo sustituirá Rosario Pietrarroia.
Altesor, convencido de la línea estratégica del PCU, entabla discusiones con compañeros del MLN que estaban en el Hospital, argumentando la importancia de esa orientación. Según contaba él, los convenció. Pero hete aquí que él tenía un primo hermano en México, a quien le permiten visitarlo en el Hospital Militar, este en un mano a mano le da la «justa»: en México, la resolución del PCU es votar en blanco. Altesor recibe la noticia, vuelve al celdario del Hospital, convoca a una reunión y le dice a los compañeros del MLN, toda la discusión que tuve con ustedes cambia de rumbo: la resolución es votar en blanco.
Cuando lo contaba se reía pues no hay letra que pueda registrar la intensidad de dichas anécdotas. Para terminar, el lineazo que recibió Altesor nunca llegó al penal, pues no había medios de comunicación y él estuvo una semana más en el Hospital.
Si al penal llegaban otras voces pero no oficiales, mi compañero de celda, su señora Myriam Castro Díaz, hija de María del Carmen Díaz, le dijo votamos en blanco, me lo dijo Raúl, ese era Raúl Garaza, chofer de Amdet, ex preso político con nosotros en el 5 de Artillería se movía cerca del Pepe D’Elía, entonces se dio una cosa curiosa ese domingo de noviembre de 1982, en la celda Nº 13 1 A derecha, el Yiyo Manfrini votó en blanco y yo voté ACF, no por eso dejé de sentirme frenteamplista, no me quedó ningún síndrome de impureza. Pretender hacer tormenta de arena con una tremenda confusión que generó una decisión política en medio de una represión feroz en la que vivíamos es de diletantes, o de compañeros que viven encerrados en un frasquito.
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