Informe de Inteligencia estadounidense

Embajada de la República Islámica de Irán

El informe de los servicios de inteligencia norteamericanos publicado el pasado lunes 3 de diciembre posee una importancia fundamental, puesto que en él se afirma explícitamente el desinterés de Irán por el armamento nuclear, por lo que se echa un jarro de agua fría a los que presentaban a Irán como una amenaza y buscaban un enfrentamiento bélico con ese país.

El primer resultado de ese informe, fruto del esfuerzo conjunto de las 16 agencias que componen la red de inteligencia norteamericana, es que se echa abajo la base sobre la que se sustentan las alegaciones del gobierno estadounidense sobre un presunto programa nuclear militar en Irán. El informe minó las argumentaciones esgrimidas por el gobierno del Presidente George W. Bush para seguir una línea dura contra Irán. Un gobierno que había hecho uso de la acusación infundada contra Irán de querer fabricar armas nucleares como pretexto para optar por una política exterior dura contra Irán con el supuesto objetivo de «intentar prevenir la tercera guerra mundial» y que ve actualmente destruido el fundamento de su estrategia. En realidad los servicios de inteligencia estadounidenses, a través de su informe, han confesado oficialmente que habían mentido anteriormente sobre Irán.

Pero no sería suficiente esta confesión sino que EEUU debería indemnizar a la nación iraní en concepto de daños y perjuicios, esto es, los provocados con sus mentiras, y prometer que en adelante no engatusará a la comunidad internacional con tales embustes y demagogias. La Casa Blanca debería reconsiderar sus políticas unilaterales y no realistas y ser consciente de que todas las actividades nucleares pacíficas de la República Islámica de Irán están supervisadas, según el reglamento internacional, por la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y que cualquier actividad, a este respecto, se realiza conforme al Tratado de No Proliferación de armas atómicas (TNP).

Una vez demolidas las bases de las falsas acusaciones de EEUU y Occidente contra la labor pacífica nuclear iraní se pone claramente de manifiesto que los objetivos de Washington al querer llevarle la contraria a Teherán no son más que políticos. Por ende, la Casa Blanca tendría que disculparse ante la nación iraní por haber iniciado una guerra psicológica y económica en su contra y hacer aprobar varias resoluciones en el Consejo de Seguridad de la ONU basándose, para ello, en datos falsos. El Consejo de Seguridad de la ONU también tendría que retirar las sanciones económicas contra el pueblo iraní y devolver el expediente atómico de Irán a la AIEA.

La República Islámica de Irán actúa y ha actuado siempre según las normas y las reglas internacionales y no renunciará nunca a sus derechos inalienables. La verdadera lección que se desprende del informe de los servicios de inteligencia norteamericanos es que debería evaluarse nuevamente la política exterior estadounidense usando más instrumentos diplomáticos y más el diálogo que la presión y la violencia. Aún así, ese informe no está exento, en algunas partes, de determinadas conclusiones, lo que exige un análisis detallado al respecto: El informe afirma que Irán paralizó su programa armamentístico nuclear en 2003. Esto contradice todos los informes de la AIEA, la cual ha reiterado en varias ocasiones no haber encontrado ningún indicio de que la actividad nuclear iraní se haya desviado hacia fines militares en ningún momento. Como ha declarado en distintas ocasiones el Gobierno de la República Islámica de Irán, este país no ha tenido nunca ningún programa de fabricación de armamento nuclear, por cuanto ello atentaría contra la doctrina defensiva y los fundamentos ideológicos de la República Islámica de Irán. Al parecer, el gobierno estadounidense ha interpretado mal la intención del gobierno iraní de suspender voluntariamente sus actividades de enriquecimiento de uranio en 2003, lo que hizo con el solo objetivo de generar confianza y demostrar su voluntad de cooperación y su buena fe.

Se menciona en el informe que la presión internacional sobre Irán ha surtido efecto y se insiste en él mismo en que éstas deberían mantenerse y acentuarse en el futuro. Cabe destacar, en primer lugar, que Irán no tenía nunca planes de fabricar armamento nuclear y, en segundo lugar, la suspensión de su actividad nuclear fue algo que hizo voluntariamente y con buena intención con el exclusivo objetivo de darle una oportunidad al desarrollo de las negociaciones políticas. Además, a aquellas alturas, en el año 2003, no había todavía ninguna resolución ni sanción contra Irán como para que, como consecuencia de ellas Irán paralizara su actividad nuclear.

El informe hace mención de que «Irán no tiene actualmente planes de fabricar armamento nuclear» mientras el presidente estadounidense recién acusó a Irán de seguir en pos del armamento nuclear, y quiso justificar la política dura de su gobierno contra Irán para evitar la tercera guerra mundial (!). En el siglo XXI y en el orden internacional, carece de sentido el pronóstico de intenciones, pero vemos cómo Estados Unidos usa la barbarie al estilo más moderno planteando la cuestión preventiva e imponiendo su criterio sobre las intenciones de Irán.

Tal como el Sr. ElBaradei, director general de la AIEA, ha declarado, el informe de los servicios de inteligencia norteamericanos coincide con los informes de esa Agencia sobre la actividad nuclear iraní en los últimos años y reitera que el organismo nuclear que él preside no tiene ninguna constancia ni indicio probado de un desvío hacia fines militares en esas actividades. La expresa confesión de los servicios de inteligencia estadounidenses de que Irán no tiene planes de fabricar armamento nuclear pone de manifiesto, una vez más, lo ilegal del envío del expediente de la actividad nuclear pacífica de Irán al Consejo de Seguridad de la ONU y lo infundado de las resoluciones de ese Consejo.

Tal como ha manifestado el director general de la AIEA, la publicación de ese informe tendría que ser una oportunidad para el gobierno estadounidense para entrar, sin demoras, en el proceso de negociación. Estados Unidos, que ha utilizado todos sus instrumentos políticos y económicos y presionado al Consejo de Seguridad de la ONU a base de datos falsos y acusaciones infundadas e hizo aprobar tres resoluciones ilegales contra la República Islámica de Irán, debería ahora retirar sus presiones sobre ese Consejo y permitir que la cuestión nuclear iraní volviera a estudiarse en la Agencia Internacional de Energía Atómica, luego de que sus servicios de inteligencia declararon su equivocación sobre la existencia de un plan de fabricación de armamento nuclear en Irán.

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