Hugo Cores: un año de ausencia
Se cumplió ayer el primer aniversario de la muerte de Hugo Cores.Nunca fuimos partidarios de esa práctica tan acendrada de recordar y homenajear a las grandes figuras en la fecha de su natalicio o en la de su fallecimiento. Entendemos que la memoria se honra a diario, recordando a esas figuras que lo merecen y, sobre todo, tratando de actuar de acuerdo con las ideas y las grandes líneas de pensamiento que las guiaron.
No obstante, resulta difícil sustraerse a la costumbre de recordar y honrar a un grande en una fecha precisa; por eso es que dedicamos este editorial a la memoria de Hugo Cores.
Creemos que Cores cumplió a cabalidad con el precepto atribuido a Jorge Manrique: «Velar se debe la vida de tal suerte que viva quede en la muerte», un enunciado que, a pesar de haber sido presa del marketing que lo ha hecho figurar en pergaminos junto al famoso «If» de Rudyard Kipling, encierra una gran verdad. Cores vivió de manera tal que su peripecia vital, su accionar, sus ideas, sus reflexiones, perviven y seguirán perviviendo como paradigma de luchador político y social.
Acaba de publicarse –coincidiendo con la fecha– una recopilación de sus escritos a cargo de Sara Méndez y Raúl Olivera, dos de sus compañeros de ruta, en un libro de lectura imprescindible (y también de consulta) que permite aquilatar la estatura intelectual y moral de Cores. La compilación resulta un complemento de los numerosos libros debidos a su pluma, libros en los que Hugo Cores despliega no solamente sus cualidades de historiador, aportando profusión de datos y documentos, sino además, sus lúcidas reflexiones, su capacidad analítica excepcional, amén de un sentido poco común de la autocrítica.
Vale la pena volver a leer estos libros (El Sesenta y Ocho Uruguayo, Uruguay hacia la Dictadura, Memorias de la Resistencia, etcétera) pues ofrecen una visión lúcida y comprometida de nuestra historia reciente. Y particularmente en Memorias de la Resistencia recrea, con una pluma que no teme incursionar en un estilo francamente literario, su infancia, su juventud y su vida dedicada de lleno a la militancia política, las luchas sindicales, la persecución, la cárcel, la tortura, el exilio. Pero los recuerdos de Hugo no se limitan a cuestiones sindicales o políticas sino que ingresan, también, en el terreno familiar y en el ámbito social de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, ofreciendo un panorama muy completo del modo de vida de la clase media y de los sectores populares de aquellos tiempos.
Después del triunfo de las fuerzas progresistas, Hugo Cores –que no aceptó cargo alguno de gobierno para poder desarrollar sin cortapisa su actividad política– fue una voz lúcida de decidido apoyo a la gestión del Frente Amplio. Pero jamás se trató de un apoyo incondicional o de cantar loas complacientes; antes bien, lo de Cores puede asimilarse a la imagen del tábano sobre el noble caballo: fue capaz de rescatar los logros del gobierno popular, de apoyar sus iniciativas, y al mismo tiempo no soslayó lo que a su juicio fueron errores o decisiones equivocadas, sobre todo en materia de política económica.
Sus reflexiones y análisis, que vertía lunes a lunes en la contraportada de nuestro diario, fueron un punto de referencia ineludible para los militantes, ávidos de conocer y comprender la realidad política, e incluso para los dirigentes, que hallaban en esos textos un punto de vista o un enfoque original y comprometido.
La lectura de su obra nos permitirá comprender mejor el pasado reciente y analizar el presente.
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