Uruguayos somos todos

Víctor Rossi

El país vive una realidad que no puede ocultar: la sociedad uruguaya tiene un pie dentro del territorio nacional y otro fuera de frontera. Si bien la principal ola migratoria se produjo en las décadas del 60 y del 70, donde se conjugaron factores de orden político y económico, en los últimos meses ha vuelto a sentirse el fenómeno.

Datos de la Dirección Nacional de Migraciones muestran que en la primera mitad del año se otorgaron 5.000 pasaportes, en tanto que en todo 1999 fueron 7.561. Una encuesta de Equipos Mori brinda datos aún más preocupantes: uno de cada diez uruguayos adulto piensa en marcharse del país.

Detrás de este nuevo flujo migratorio está la crisis económica y la falta de perspectivas de los orientales, que angustiados se lanzan al mundo, muchas veces sin los cuidados necesarios. A la vez los procesos de globalización rompen con las estructuras nacionales y favorecen el traslado de los individuos de un punto a otro, particularmente hacia los grandes centros de poder económico.

La fractura social que genera toda esta nueva realidad, cuestiona la razón misma de nuestra nacionalidad y genera debilitamientos internos. Porque muchos de los que se van del país lo hacen no sólo quebrados emocionalmente, sino con fuertes rechazos anímicos hacia lo que dejan.

Ante esta situación con perfiles dramáticos, el sistema político y la sociedad toda deben buscar el mantenimiento de nuestra identidad y la relación estrecha entre las partes. Para ello no hay otro camino que trazar políticas integradoras en ese sentido, con el fin de conformar la idea de que uruguayos somos todos, por encima del punto geográfico de residencia.

Una sociedad numéricamente pequeña como la nuestra debe, en primer lugar, darle cabida y vida digna a su gente en su territorio. Pero, a la vez, establecer una fuerte comunión de intereses con los uruguayos que se radican en otros países.

Para trabajar en esa dirección hay que empezar por tener políticas activas de protección y de asistencia para con los compatriotas del exterior y –al mismo tiempo–reconociéndoles su derecho al voto en las elecciones nacionales, tal como lo hacen las democracias más consolidadas del mundo.

La Cámara de Diputados, recientemente, acaba de iniciar el tratamiento de este importante asunto y, unánimemente, se expresó por parte de todos los partidos su disposición de avanzar en él.

Por eso hemos presentado un proyecto de ley que recoge las iniciativas anteriores del Frente Amplio y del Nuevo Espacio, con el único fin de fortalecer y de enriquecer la identidad nacional, uno de los pilares sustanciales de la forma uruguaya de entender la democracia. A la vez estaremos recuperando para cientos de miles de uruguayos uno de sus derechos más trascendente que es la elección de sus representantes y de la orientación que debe tener su patria. Y esto lo proponemos a cuatro años de las elecciones nacionales, para que los válidos intereses partidarios no interfieran en su elaboración.

Con una iniciativa como ésta, abierta a todas las opiniones, aportes y sugerencias y que se expresaría institucionalmente en la Dirección de Emigración Uruguaya, también estaremos facilitando que otras culturas se vuelquen, como ocurrió desde la misma gesta artiguista, a engrandecer nuestro pensamiento universal, democrático y humanista.

* Diputado de EP-FA

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