Así crecen las victorias

Al pueblo uruguayo le sacaron la victoria del buche. Con esa serena tranquilidad que nos caracteriza y que fue construida durante décadas, todos esperábamos que se hiciera justicia y que el dictador Gregorio Alvarez fuera procesado, por el delito de desaparición forzada.

 

Pero la defensa del dictador presentó un recurso de inconstitucionalidad. Ahora la palabra la tendrá la Suprema Corte de Justicia, la que deberá aceptar o rechazar el recurso, y será el juez Luis Charles quien decida si hay o no procesamiento.

Todo esto duele porque es posponer, por un tiempo, la maldita y perversa impunidad que ha tapado en esta oportunidad a la Verdad y la Justicia. Es mantener la angustia, es provocar el retorno a la memoria de los momentos más dolorosos que se vivió en nuestro país bajo la dictadura cívico militar.

 

Ante esta situación profundamente desgarradora, hay que mantener firme los principios democráticos y humanistas, sabiendo que hay toda una sociedad que no conoce de odios, pero que sueña con horizontes de paz, de justicia y de reconciliación entre todas las familias uruguayas, que sólo se puede lograr si se conocen los crudos hechos, el destino de los desaparecidos y se hace justicia.

 

Los uruguayos sabemos de la idoneidad profesional y ética de los miembros de la Suprema Corte de Justicia, para esperar confiados que finalmente se permita actuar al juez Charles.

Claro que sólo con un pueblo vigilante y pacífico y a la vez movilizado, se podrá avanzar en el camino de la verdad, que es la puerta fundamental por donde pasará la recuperación de nuestra memoria, para que nunca más haya dictadura.

 

Los defensores de Alvarez han logrado una pequeña victoria, absolutamente circunstancial. El dictador ha logrado que en las próximas horas, días o meses, pueda seguir viviendo en su casa, compartiendo lo cotidiano con su familia y sus abogados, pero más temprano que tarde la Justicia entrará por sus ventanas y lo colocará en el justo lugar de la historia, allí donde van a parar los violadores de los derechos humanos, un lugar muy similar a una cloaca.

 

Contener la bronca, saber administrarla, no debe ser vista como sinónimo de bajar los brazos y de quedar como simples observadores del acontecer. Los uruguayos sabemos que nuestra fuerza está en lo justo de nuestros reclamos, pero también en que en los últimos años, bajo el gobierno del doctor Tabaré Vázquez, se han dado pasos de siete leguas hacia el encuentro de la verdad.

 

Con el recurso de inconstitucionalidad presentado, la defensa del dictador busca ganar tiempo, embarrar la cancha y crear un clima de tensión en nuestra sociedad. Por eso, en estas horas, es bueno recordar parte del poema de Mario Benedetti, «Otra noción de patria»: «Hace bien si llovemos mi pueblo torrencial/ donde estemos/ allá/ o en cualquier parte/ sobre todo si somos la lluvia y el solar/ la lluvia y las pupilas y los muros/ la bóveda la lluvia y el ranchito/ el río y los tejados y la lluvia/ furia paciente/ lluvia/ iracundo silencio/ allá y en todas partes/ ah tierra lluvia pobre/ modesto pueblo torrencial/ con tan buen aguacero/ la férrea dictadura (impunidad)/ acabará oxidándose/ y la victoria crecerá despacio/ como siempre han crecido las victorias».

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