"Los Orientales Son Todos Unitarios"
La historia, «émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado y ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir», así definida por Cicerón (106-43 aC). Es algo más que memoria colectiva, conciencia, conforma una súper identidad social, de los que se identifican con un mismo origen de nacimiento, compartiendo un idioma común, definición primaria de nación.
La gran dificultad, para el encuentro en un proyecto común entre los orientales, es su falta de esa historia asumida como conciencia generadora de actitud hacia el futuro. Esa imposibilidad nace de fisuras de la conciencia colectiva, en la historia. Nuestra independencia de España no concluyó en el desarrollo de un modelo de independencia y unidad americana, federal. Durante esa lucha terminaron imponiéndose los agentes comerciales de los imperios rivales de España, Francia e Inglaterra. Francia nos legó el jacobinismo demagógico de nuestros intelectuales liberales, el centralismo administrativo y su modelo de judicatura absolutista, su código napoleónico. ¡Hasta fuimos divididos administrativamente en departamentos, como Francia! Inglaterra monopolizó nuestro comercio exterior, desde la puerta de la estancia a la carnicería londinense, con sus trenes, frigoríficos, fletes y seguros… más los empréstitos con que se armaban los gobiernos. Todas los territorios coloniales de América se independizaron de sus metrópolis, primero los angloamericanos, aprovechando las rivalidades imperiales europeas. Pese a todo, los angloamericanos se siguieron sintiendo culturalmente ingleses, luego de derrotar a Inglaterra con el apoyo de sus rivales, Francia y España.
Sus élites no fueron seducidas ideológicamente por ninguna de las potencias coadyuvantes a su independencia. Basta leer a Emerson. Los americanos del Sur, en cambio, nuestros jóvenes porteños, de todos los puertos de América, desde Caracas a Buenos Aires, no resistieron la seducción de la propaganda de los imperios rivales de España. De tal forma que desde Francisco de Miranda a Mariano Moreno y toda la facción unitaria por ellos engendrada, se convirtieron en agentes culturales y políticos de las poderosas potencias que los apadrinaban. La opción americana a este proyecto de independencia nominal y coloniaje comercial, fue el federalismo. Llegamos al siglo XX con un nomenclátor patricio dual, se mezclan auténticos federales, Artigas y Oribe, con furibundos unitarios antiamericanos, como Sarmiento, Mitre, Rivera y Garibaldi, para nombrar sólo a sus pilares más notables de la mitología oriental. De esa mixtura surge el denominado «Uruguay batllista» . Artificial como el bucólico Tabaré, que diera nombre a tantos hijos de inmigrantes, o el galaico gauchismo del Viejo Pancho. Imaginería que permitía una superficial y rápida integración de una sociedad que en las primeras décadas del siglo XX contaba con más de 17% de extranjeros recién llegados.
La única concesión del Partido Colorado, en aras de la unidad nacional, fue sacar a Joaquín Suárez de la Plaza Independencia, para sustituirlo por Artigas. ¡Recién en 1925, a los 21 años de Masoller! En el siglo XX, nuestros intelectuales urbanos recorrieron el camino de los unitarios del siglo anterior, encandilados por la revolución rusa, tanto como lo fueran aquellos de la francesa. Nuestros intelectuales portuarios veían los lejanos imperialismos en el horizonte, pero eran ciegos para ver el imperio al que estaban engrillados. Eso los llevó a embanderarse en las guerras imperialistas, con el entusiasmo irresponsable de los espectadores del circo romano, vivando al César, clamando por la sangre de los gladiadores vencidos. No vieron, en la neutralidad bélica, la oportunidad de liberación latinoamericana que, a la larga, sería la última del siglo. Es esta mixtura ideológica la que ha hecho incomprensible nuestra historia. Procesos americanistas como el de Rosas o Perón, han sido prolijamente negados.
Los gauchos y sus caudillos son lindos para el folclore. Pero Chávez se les hace insoportablemente ininteligible, lo que hace que hoy, pasado el metejón chavista, se comporten como cachorros que hicieron una travesura y con la cola entre las patas buscan el afecto del amo. Son federales nostálgicos y unitarios prácticos. Cuando algún nacido en esta banda, al oriente del Uruguay, bajo «la Cruz del Sur», se dice «oriental», puede referirse remotamente al «oriente geográfico», mas seguramente aluda al «oriente simbólico». De ahí el desconcierto, y segura ruina, de aquellos que caen en la inocencia de tomarlos cabalmente por federales. Como dijo, con conocimiento de causa, Juan Manuel de Rosas, «los orientales son todos unitarios».
Compartí tu opinión con toda la comunidad