Botnia: ni inseguridad ni contaminación
La forma como se vienen encarando, tanto a nivel de prensa como de la oposición y del otro lado del río, por ambientalistas, los accidentes sufridos por trabajadores de la planta de Botnia, muestran un flechamiento de la cancha sólo explicable en mentes obnubiladas.
Que lo único que buscan es insistir tanto en la presunta inseguridad de los obreros de la gigantesca obra como en la falta de previsión dentro y fuera de la misma. Como si los accidentes del trabajo, por más medidas de prevención que se adopten, no se hayan sucedido aun en los recintos donde las mismas están a tono con todos los adelantos logrados en la materia.
Una caída de un andamio, un escape de gas, una simple quemadura con agua caliente sufrida días pasados por un obrero (que ni siquiera requirió internación o algo parecido) han motivado grandes titulares de prensa.
«Los que se quejan de algunos accidentes ocurridos, que muchas veces son tan imprevisibles como inevitables nos decía un facultativo de la Central de Servicios Médicos del BSE, días pasados no tienen idea del alto porcentaje de accidentes que en su momento se registró en las construcciones de la represa de Salta Grande y la de Palmar». Y agregaba: «hoy día las medidas de prevención con relación a aquellos tiempos, han bajado la siniestralidad en porcentajes realmente importantes».
Accidentes del trabajo, hay unos 100 por día. El porcentaje es más o menos de un 50% por la capital y otro 50% para todo el Interior. En estos momentos en que a nivel de todo el país ha crecido el requerimiento de mano de obra (la desocupación está ubicada en menos del 10%), es obvio que se registran accidentes de todo tipo. Actualmente el Banco de Seguros del Estado, tanto en su Central de Servicios Médicos como policlínicas y hospitales contratados en el Interior, registra un promedio anual de unos 40.000 accidentes de trabajo. Si se compara esa cifra con los poquísimos ocurridos en Botnia, por cierto que la exageración manifestada en las noticias de prensa no sólo lleva un componente político importante. Peor aún, tienden a una descalificación que también se ha visto expuesta en otros rubros, todos tendientes a perjudicar a un gobierno que ellos no comparten.
Del lado argentino, todo lo que viene ocurriendo con la instalación de la planta finlandesa en Uruguay da lugar a una tragicomedia que en su fuero íntimo todos saben encierra una gran falsedad. No sólo porque Argentina cuenta con plantas de vieja data donde la inseguridad y la contaminación son mayúsculas, sino porque además, como bien dice el ministro Arana, «cualquiera se considera ambientalista y un experto en temas que les son totalmente ajenos». El contaminado Riachuelo en pleno Buenos Aires es un ejemplo típico de la desidia por mejorar la calidad de vida de los argentinos. Algunos depósitos de basura en zonas de provincia muy cercanas a la capital, contra los que vienen luchando airados vecinos sin ser oídos y decenas de fábricas que vuelta a vuelta explotan y se incendian y de las que Crónica TV se ocupa semanalmente con toda su crudeza periodística, son ejemplos al canto de nuestras afirmaciones. Entonces cuando los del otro lado del río hablan de Botnia, su presunta inseguridad y sus olores pasajeros (¡imposibles de percibirse en Gualeguaychú, a 27 kilómetros de distancia!) uno no puede menos que sonreír pero luego indignarse.
Quienes hemos visto de cerca accidentes de trabajo realmente impresionantes, caso de una famosa curtiembre, de una industria pesquera, de una óptica en pleno centro, de electrocutados o amputados de manos por sobadora, como caídos a bodegas de barcos o traumatizados gravísimos de la construcción a través del tiempo, no podemos menos que asombrarnos cuando se habla «de la inseguridad en Botnia». Accidentes siempre han ocurrido en todo tipo de actividades con o sin prevención de por medio. Pero hoy día la misma ha mejorado en grado sumo, a través de gente que se ha especializado en la materia.
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