En discrepancia con El Sabalero
Según se ha informado, El Sabalero en su momento manifestó por TV que «si alguien manda a su hijo a un liceo militar, donde en vez de compañeros son camaradas de armas, aprenden a matar, se preparan para la guerra, termina convertido en un hijo de puta.» Expresiones éstas que podrían significarle un procesamiento desde que volvió al país en los últimos días.
Considero que el conocido cantautor no debió haber dicho semejante disparate que, además de resultar ofensivo, es contrario a la lógica.
El Sabalero no tiene derecho de ofender a las putas asignándoles hijos del tipo de los militares.
El artista ha invertido los términos de la cuestión porque la profesión de puta –según se suele decir, la más vieja profesión en la historia de la humanidad– es una profesión que debe ser respetada como tantas veces se ha argüido.
Entonces es inaceptable que se denigre a las putas diciendo que sus hijos son militares, sector de la sociedad caracterizado por su poca capacidad, así como por su mansedumbre ante el superior y su prepotencia contra el inferior.
¿Qué derecho tiene El Sabalero para afirmar que los hijos de las putas son educados para matar? Según se entiende como valor general, los hijos de las putas son educados en la escuela pública, la cual –pese a lo exiguo de los recursos que le asignan blancos y colorados– no prepara alumnos para matar, sino que procura hacer de ellos ciudadanos democráticos, críticos, respetuosos de las leyes e instituciones y dotados de una amplia visión del mundo que llamaríamos humanitaria y positiva de una manera global.
Este es el papel que desempeñan los sacrificados y valiosos maestros que no reciben por él una paga adecuada.
No hace muchos días me topé en la calle con un joven cadete. Daba lástima, porque aquel muchachito era demostrativo de lo que se estaba haciendo con él: un ser rígido, formal, exterior, casi diríamos infatuado, todo lo cual se denunciaba desde su atuendo y actitud hasta su manera de caminar. Seguramente no era hijo de una puta sino de una mujer perteneciente a la clase media o alta, la cual, con cortedad de miras quizá pueda esperar algo positivo de él. Parecía estar claro –vaya uno a saberlo– que no era el hijo de una puta.
Decir que las putas tienen hijos militares es ofenderlas, afrentarlas. ¿Acaso no sabemos que los militares componen una casta que sólo significa gastos a la ciudadanía a la vez que no se obtiene de ellos más que seres mediocres y omisos en cuanto a criterios humanos y que para remate muestran una escasa capacidad técnica (recuérdese el reciente episodio de El Valiente)?
¿No sabemos también que en las circunstancias clave de nuestra historia fueron cómplices o ejecutores de graves violaciones de los derechos humanos, constitucionales y democráticos?
Respetemos entonces a las putas pese a las erradas opiniones de El Sabalero, porque ellas no merecen ser injuriadas gratuitamente.
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