Los carnavales y las elecciones de Estados Unidos

Otto Radiccioni

Viendo en la televisión el engalanamiento de la Embajada de Estados Unidos en Montevideo, con cientos de globos, galeras, sombreros y todo tipo de adornos con los colores de la bandera norteamericana, ya nos anticipaban su gran festejo del acto electoral del martes 7 de noviembre en ese país, poderosa y contradictoria potencia del norte.

Todavía no mostraban el champagne, o mejor el whisky, más a tono con sus ancestros anglosajones y las destilerías yanquis, pero ya adelantaban la fiestacha en curso, como prueba y remate de un gran carnaval electoral.

El carnaval tiene orígenes en la fiesta romana «carnevale», donde la carne valía antecediendo a la Cuaresma de los cristianos. Combinándose con la decadencia del imperio el dios Baco, presidía los alegres bacanales que fueron sinónimo de fiestas y orgías, «niente da vedere» con el Miércoles de Cenizas de Cristo y el Viernes Santo. La base natural de estos festejos en el paganismo tuvieron es el inicio de la primavera, el florecimiento de los vegetales, y en especial de las vides, de cuyas uvas surgía el vino, trascendente estimulante para romanos y griegos, aunque éstos con su dios Dionisio lo derivaron más inteligentemente de las bacanales al inicio del teatro, que fue la cuna del razonamiento, de la filosofía y de la propia dialéctica para el devenir humano.

Junto a Baco, el dios Liber abría la explicación social del origen del Carnaval: en relaciones de explotación –en aquel entonces esclavista– tanto a victimarios como víctimas les era necesario tener formas de «soltarse», de «liberarse». Esto fue retomado a partir de la Edad Media, donde la Máscara polivalente del teatro griego fue usada y abusada para todo tipo de escape licencioso, sin religiosidad ni cultura alguna. Y así como hubo un represor circo romano Coliseo para aplastar y aterrorizar el original movimiento revolucionario de los cristianos y los esclavos, también en Estados Unidos el Carnaval de las elecciones sin matar y devorar por los leones, está orquestado para eliminar toda expresión directa– y menos la participación independiente– del pueblo norteamericano con su enorme e histórica experiencia desde sus orígenes revolucionarios, primero concentrando todo lo mejor de la emigración obrera y campesina europea y hoy como imperio combinando las millonarias «minorías» negras e hispanoamericanos.

Política imperialista disfrazada de Carnaval

El pueblo norteamericano como ninguno se ha visto ser invitado obligado de todas las políticas financieras especulativas, las intervenciones estratégicas militares y todo tipo de correrías donde desde lo diplomático, seudocientífico y hasta lo deportivo sirve a los más siniestros objetivos contra todos los pueblos del mundo, incluido el propio de EEUU.

La derrota del nazismo en EEUU, ellos saben que se concretó con la lucha de los pueblos trabajadores de Europa y en especial con el sacrificio de los 23 millones de soviéticos que pagaron con su vida el balconeo táctico del gobierno yanqui. De Vietnam surge claro que el heroísmo de ese pueblo contó con el rechazo de la mayoría norteamericana que con hasta generales de 5 estrellas manifestaron y lucharon en las universidades, los puertos y las calles contra tremendo genocidio. También Cuba defendida desde sus orígenes hasta 1992 por la ex URSS, no ha podido ser invadida porque América Latina y en particular la opinión pública norteamericana lo tiene atado al imperialismo. El conflicto Elián lo ha confirmado, cuando Cuba Socialista se lo arrancó a la derecha yanqui y gusanera de Miami, contando con el apoyo del 65 por ciento de los norteamericanos.

Pero la confirmación de los planes terroristas yanquis en esta elección está en que en lo internacional su arsenal atómico no es desmantelado, como tampoco es reconvertida su industria bélica que constituye el principal vendedor de armas en el mundo y de bases de guerras, como es Israel en Medio Oriente o cuanta dictadura y grupos políticos-militares reaccionarios existen.

Pero también en lo nacional, al interno, el ingenuo y estúpido intento –una vez más– de venderles acciones a los trabajadores en aras del «capitalismo del pueblo», así como propuestas de Bush dirigidas a la actualización del Estado imperialista y su terrorismo para contener la reanimación social encargada por los trabajadores en base a sus sindicatos, como ha sido recientemente la huelga de los postales y de los actores de cine. Pero también la derecha de Bush está por mayores recursos militares, por un escudo misilístico contra la destrucción de los de largo alcance (acuerdo 1992), abandono de todo organismo internacional, el retiro de Kosovo, menos impuestos, por el ahorro privado jubilatorio, por los sistemas privados escolares y de salud, contra el aborto, por la pena de muerte, contra China y Cuba… Por su parte la otra derecha de Al Gore busca un apoyo de la burocracia sindical, de las minorías hispanoamericanos y sus lenguas, de los negros, incluso de los homosexuales. Apoya la defensa del medio ambiente, los derechos civiles, por una ley prohibitiva de la libre financiación electoral, por «las intervenciones humanitarias contra las militares». Ambos están por «el libre comercio» imperialista y ninguno por los Derechos Humanos.

De resultados históricos al lógico de hoy

En 1996 sólo el 49%, y desde 1924 la media es el 50%, lo que confirma la madurez de la ciudadanía de EEUU de rechazar ese «Carnaval» financiado por el gran capital, en un estado económico social de explotación y violencia causante de ese terrible flagelo escapatorio que es la droga con su contracara del más rentable negocio financiero del comercio y lavado del narcodólar, que incluye a sus principales centros bancarios a partir del propio Citibank investigado. Los norteamericanos víctimas de la función del imperialismo en el mundo y en su propio país, tienen una gran madurez política que hoy, como nunca ha impuesto, dentro de esa multimillonaria carnestolenda, una parodia política donde los candidatos han tenido que responder a los aspectos principales de la vida. Pero todos saben que el Presidente será elegido por un consejo electoral de 538 miembros –muchos venales por dinero o chantaje– de 148 millones de electores de un total de población de 276 millones (vale decir que cada consejal electoral decidirá por más de medio millón de habitantes). Esa es la gran democracia del norte condenada históricamente por más del 50% del electorado, que objetivamente aísla al imperio y se integra a los pueblos en lucha por la vida y el progreso.

Con esa abstención, la mayoría norteamericana, desecha con inteligencia política esas elecciones donde se puede votar por tableros electrónicos desde un hospital o asilo, y también se alían objetivamente, no sólo con Cuba con quien reclama el 71% la reanudación de relaciones comerciales, sino también con toda América Latina, principal financiadora del crecimiento económico del 6% a través de la inmoral amortización de la Deuda Externa ya en 1998 de 750 mil millones de dólares (en 1980, 220 mil millones). Sudor, sangre y muerte para los latinoamericanos, pero sus luchas están en la dignidad de la mayoría estadounidense. Por eso el imperio no ha podido invadir Cuba. Al Gore lo debe reflejar, como también avanzar más lógicas políticas sociales basadas en el Estado, para así cortar el desarrollo a una izquierda basada en los sindicatos, donde se da aceleradamente una limpieza de la burocracia más corrupta.

Todo el proceso es de avance de la mayoría digna y progresista de EEUU. Así, en algo similar a la anterior experiencia en Europa, los ecologistas del candidato Nader del Partido Verde –con un 5% previsible– representan esta neces
idad de cambio, independiente de los dos partidos del gran capitalismo yanqui: el Republicano y el Demócrata. Si no hay una mayor abstención, todo este proceso influido por el mundo, por los Elián, los Fidel, los Chávez y tanto heroísmo continental como el de los portorriqueños por ejemplo, favorecería a Verdes y Al Gore. Aunque esto no cambiará la estrategia y objetivos contrarrevolucionarios del imperialismo, pero alentará a las masas norteamericanas, a las latinoamericanas de todo el mundo a avanzar la lucha y la coordinación contra el patrón atómico de la explotación y violencia neoliberal. Un aporte fundamental se está procesando en un Estados Unidos donde 42 millones no tienen cobertura médica, los asesinatos es la principal causa de muerte hasta los 23 años y donde varios cientos de miles de niños desaparecen cada año. Ellos también bregan por la dignidad y el amor humano, fundamento social para un Nuevo Orden Económico Mundial sin miseria ni guerras.

* Vecino del mundo

 

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje