Batlle no sorprende a nadie
Marcelo Jorge Filomeno
Por lo menos a quienes nos interesamos por la política desde hace 40 años. En efecto, días atrás, la tapa de LA REPUBLICA nos decía que Batlle sorprendía a todos, en virtud de su opinión de que el Uruguay debe dejar de producir trigo y traerlo de Argentina, «que lo produce más barato, y usar esas tierras fértiles para otro tipo de actividades donde seríamos mucho más competitivos y con precios más eficaces y daríamos más trabajo». No dice cuáles serían ese otro tipo de actividades. Quizás hacer de la zona triguera del litoral un «Silicon Valley», con sementeras de computadoras incluido.
Pero como lo hace notar «Acción» de Mercedes, ya Batlle había planteado, en el centro uruguayo de aquella ciudad, a los productores presentes en una disertación suya, el desahucio del cultivo de trigo, proponiendo en aquel momento la concentración del esfuerzo productivo en la cebada cervecera. Agregamos nosotros que esto sucedió en el año 1993, previo a la cosecha 94-95, donde el precio internacional de trigo llegó a los 250 dólares la tonelada. Felizmente para ellos los productores no le llevaron el apunte. Sin duda que ahora, con su actual investidura, la cosa va a ser distinta.
Lo viene demostrando con su «guerra al contrabando», siendo que en 1986 declaraba en el Senado que se trataba de un fenómeno económico, por lo tanto imposible de controlar, en virtud de lo que denominaba «economía de frontera». Todo ello a propósito de las 30.000 toneladas de azúcar contrabandeadas anualmente, no precisamente por los «quileros».
Pero más atrás aún en el tiempo, allá por 1987, de regreso de un viaje por el Caribe, el entonces senador Batlle también propuso terminar con el trigo. En aquel momento la propuesta se complementaba con la de producción de porotos –sí porotos– con destino al mercado cubano. Así como ahora quiere comprarles trigo a los argentinos, liquidando el cultivo en nuestro país, en aquel momento el delirio era sembrar frijoles para trocarlos por azúcar cubano.
Quiere decir que el trigo está hace años en la mira de Batlle y su entorno de gobernantes neoliberales. El azúcar fue precursor en la liquidación de la producción en general. Pero ya hace 15 años Batlle tenía en mente terminar también con el trigo. El esquema es siempre el mismo. Se basa en la diferencia de precios internos e internacionales, y en la conclusión de que, por un lado, como cultivo de exportación no tiene competitividad, y por otro lado, y por la misma razón, ni siquiera conviene plantarlo, sino importarlo. El entonces ministro, contador Zerbino –invitado últimamente a contribuir a la actualización del Frente Amplio–, además del primer ajuste fiscal que nos aplicó a todos en democracia, les aconsejaba a los productores trigueros que adivinaran el comportamiento de los mercados externos –con alguna pitonisa quizás– para dedicarse a cultivar aquello que pudieran producir, con costos uruguayos, a los precios internacionales. Desde los porotos de Batlle a la cría de conejos del contador Lombardo, todos ellos plantearon alternativas divertidas para situaciones desgraciadas.
Pero lo preocupante hoy de Batlle, más allá que como primer responsable de los destinos del país no ofrece nada para un sector productivo asentado en las tierras más fértiles, en una región con enorme potencial, como él mismo reconoce, y bien que conoce– por haberse ganado la vida durante su proscripción por la dictadura como gestor inmobiliario en esta zona– es la tácita decisión de cerrar todos los caminos para que los productores endeudados puedan hacer frente al endeudamiento. Es imposible que puedan hacerlo trabajando solamente con la ganadería. Si se termina el trigo, se terminarán miles de productores, con las consecuencias económicas y sociales que es de prever. Quedarán los campos para ser vendidos –con o sin remate– a las sociedades anónimas, de preferencia internacionales, que vendrán en bandas atraídas por el bajo precio de la tierra en nuestro país, el bajo precio de la necesidad.
En virtud de los antecedentes reseñados no pueden sorprendernos las opiniones de Batlle, más bien resultan confirmatorias de su forma de pensar respecto de la producción. Pero, por voluntad popular, balotaje mediante, es el Presidente de la República. Liquidado el país productivo, como es imposible la emigración de todos sus habitantes, y para no ser contestatarios, habrá que plantearle al presidente Batlle otras ideas y otras propuestas, no de carácter programático, si no de carácter puntual, ligadas con el país de servicios. El enlace vial Nueva Palmira – Zárate Brazo Largo es una de ellas, sin cargo para el Estado, precisamente en el corazón de la región afectada si desaparece el cultivo de trigo. De su coherencia dependerá pues su decisión. Pero algo tendrá que darnos, a nosotros como el resto del país, nientras pasan los años hasta las próximas –y lejanas– elecciones…
* Escribano
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