Vigencia de la propuesta progresista

Impuesto a la renta de las personas físicas

La forma como el Poder Ejecutivo ha manejado el envío del Mensaje Complementario al Parlamento resulta incomprensible en más de un aspecto.

En el manejo de las partidas para la Universidad la situación, además de enredada, revela desaciertos profundos en los mecanismos de decisión y traslación pública de las decisiones de gobierno.

En una sociedad movilizada, con un tema urticante como pocos, las resoluciones debieron tramitarse con una delicadeza que estuvo ausente en todo el episodio.

El ministro Bensión, que tiene no sólo experiencia profesional sino como universitario y sobre todo como ex dirigente de la FEUU, debiera tener muy presente toda la significación de una huelga universitaria con las características de la actual.

También resultan incomprensibles las declaraciones de algunos dirigentes nacionalistas que declaran desconocer los acuerdos realizados entre el presidente del Directorio de su partido, el doctor Lacalle, y el Presidente del la República.

Y hasta el caso de algunos ministros, como el de Salud Pública, que se apresura a difundir su opinión contraria a los impuestos proyectados sobre las entidades de asistencia médica no mutual: todo parece indicar que la cohesión no está siendo el fuerte de este gobierno. No ya la cohesión entre blancos y colorados, sino dentro del propio Consejo de Ministros surgen dudas y se declara desconocer aspectos muy importantes de lo resuelto.

El hecho es que ya no por las formas, que siempre importan, sino por el fondo del contenido del Mensaje Complementario, las movilizaciones continuarán, el desasosiego se profundizará y el elenco de gobierno tendrá que mostrar palmariamente si, contra la opinión de buena parte del país, persiste en su tesitura de rutinaria aplicación de las recetas monetaristas.

Las aspiraciones de amplios sectores sociales y sobre todo su movilización, destacando la de los estudiantes universitarios, han terminado por poner en el orden del día un punto que para muchos estaba muerto y enterrado: el impuesto a la renta de las personas físicas.

Ni más ni menos que el temido fantasma de noviembre del año pasado.

La pertinencia absoluta de la propuesta progresista ha sido demostrada por los senderos que, imperfecta e inconsecuentemente, insinúa el propio gobierno.

Frente a la protesta generalizada y a la creciente sensación de desorden y arbitrariedad que exhiben los nuevos impuestos, el sentido global, ordenador y justiciero de las propuestas tributarias de la izquierda constituye la única salida al callejón a que condujo la política del gobierno.

Mientras las propuestas del gobierno gravan salarios, préstamos cooperativos, instituciones médicas, honorarios de los profesionales universitarios etcétera, y ronda en torno a todos ellos la acechanza de la evasión, la propuesta progresista apunta a ordenar el padrón impositivo, generar condiciones efectivas de recaudación y hacerlo con un sentido productivo y de justicia social.

Como pocas veces ocurre con temas de gobierno, hoy las cuestiones del Presupuesto han sido colocadas en la calle.

Bienvenidas sean.

Aunque el momento contenga elementos traumáticos, siempre es un paso adelante que un gran número de personas conozca el quehacer político y legislativo, discutan sobre temas económicos, estén al tanto de cómo se decide sobre impuestos y sobre gastos.

La movilización, esta movilización, conlleva en ese sentido un factor de democratización sumamente importante.

Se ha ido configurando así el momento propicio para estudiar y discutir, en un contexto distinto al del año electoral, las propuestas progresistas sobre el impuesto a la renta de las personas físicas.

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