Maldonado: horas de definiciones en un FA unido para no ser vencido

En Maldonado, el Frente Amplio va rumbo a algunas definiciones trascendentes, que pueden significar un salto en calidad de su accionar o el estancamiento y con ello un inmediato retroceso.

Todos sabemos, debido a que los debates son públicos y transparentes, que en la fuerza política hay dos posturas encontradas sobre cómo hacer política para llevar adelante el programa común del cambio.

Los políticos de derecha y los medios de comunicación afines han aprovechado el río revuelto, con la intención de desprestigiar el accionar del intendente Oscar de los Santos, el jefe municipal de todos los frenteamplistas. Han llegado, incluso, a iniciarle un juicio político, una verdadera trampa política con fines electorales. El Partido Nacional se ha transformado en locomotora de este operativo político irresponsable, que no sólo busca lastimar la imagen de Oscar de los Santos, sino que pone en peligro el futuro de Maldonado, porque puede alejar a inversores nacionales y extranjeros que reclaman un sistema político sólido y civilizado, para articular con el municipio y los vecinos las políticas de desarrollo.

Hay que decirlo con todas las palabras: la crisis del Frente Amplio es el mejor escenario para el retorno de Ali Babá, que tanto mal le hizo a Maldonado durante décadas. Es a la vez una crisis que no se puede analizar con el simplismo de que aquí hay dos hombres, dos cabezas duras ­ De los Santos y Darío Pérez ­ que no pueden convivir.

El centro de la crisis es que hay una corriente minoritaria, donde está el diputado Darío Pérez y otros frenteamplistas, que no comprenden que hay un programa y un estatuto que exigen unidad de acción, para poder realizare las transformaciones profundas que requiere el Maldonado que todos soñamos.

No somos gente que quiere imponer conductas y códigos, pero somos parte de una historia de izquierda que debatió mucho, que confrontó ideas, que elaboró en conjunto y que acordó siempre, en los momentos cruciales.

No hubiera habido Frente Amplio, ni lucha exitosa contra la dictadura –como no hubiéramos ganado el gobierno nacional y ocho municipios–, sin esa unidad de acción. Es que la llegada del pueblo al gobierno para concretar el cambio, requiere –más que nunca– de una fuerza democrática, que asegure la gobernabilidad, porque sin un gobierno con musculatura política e intelectual no hay cambios con sensibilidad progresista y de izquierda, en tanto los partidos tradicionales y ciertos grupos de poder quieren el retorno al pasado. Y si hay retorno al pasado no hay que creer que se volverá sólo a lo de antes, sino que nos encontraremos con gobiernos y realidades políticas mucho más conservadoras y de derecha de los que hemos conocido.

De los Santos y su equipo de gobierno, si no han avanzado más, es por esa persistente política de no dar los votos a los emprendimientos del cambio.

Parece ser que hay compañeros que olvidaron, por ser circunstancialmente minoría, que el Frente Amplio no es solamente un acuerdo electoral que al otro día de los comicios cada uno se va para su rancho y desde allí hace la política. Somos la fuerza política que tiene candidatos, programas y organismos, nutridos por un pueblo unido que no quiere ser vencido.

La disciplina y el respetar las resoluciones de las mayorías no son valores menores en una fuerza política que quiere realizar transformaciones. Son piedra fundamental del éxito, pero a la vez son compromisos que se asumen para cumplirlos.

No puede ser que aún no hayamos podido votar los cambios en la tributación de las chacras marinas, que hasta la fecha contribuyen con la sociedad casi en la misma cuantía que una pequeña casa. Y esto no ha podido ser porque hay compañeros que se niegan a votar los cambios en la Junta Departamental.

Parecen innecesarias las preguntas, pero hay que hacerlas: ¿aumentar los tributos de las chacras marinas no es de justicia social? ¿no implica redistribuir la riqueza? ¿no es eso una clara y definitoria postura de izquierda?

Si hay alguien que no está de acuerdo con esto que lo diga con todas las palabras, que lo ponga a consideración del Frente Amplio y que se vote. Y que se acate a la mayoría, como hacen las fuerzas progresistas y de izquierda en cualquier esquina del mundo.

Esperamos que los buenos oficios de la Mesa Política Nacional del Frente Amplio establezcan estas reglas, que son las únicas que permitirán que el cambio termine siendo una realidad en nuestro departamento.

Nuestro mayor deseo es que la nueva realidad del progresismo la construyamos entre todos. No vamos, desde la Alianza Progresista, a cobrarle factura a nadie por los errores cometidos.

Lo que queremos es que en las fiestas de fin de año todos, sin excepción, brindemos por el futuro, por los sueños realizados y los que nos quedan por realizar. *

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