Prohíben el moquete a los niños, pero no a los frigoríficos

E l Parlamento acaba de prohibir el castigo a los niños, lo que fue aprobado en medio de importantes debates de los legisladores y que de inmediato se extendió al conjunto de la sociedad.

El Partido Nacional, que siempre se opone a cualquier acción del Estado que se ejerza sobre la familia o el individuo, puso el grito en el cielo, como si fuerzas autoritarias estuvieran operando sobre los hogares de los uruguayos.

Nosotros creemos que se está ante una buena ley, de esas que generan fuertes intercambios de ideas, a la vez que construyen cambios culturales sustanciales.

Seguramente muchos, cuando conocieron el resultado de la votación parlamentaria, se preguntaron si alguna vez le habían dado una cachetada a uno de sus hijos. Algunos habrán dicho que un coscorrón, un sopapo, una palmada o nalgada, no es para tanto.

El simple acto de agresión física, aunque no sea con la intención de lastimar, es una agresión, porque con el punto de vista contrario, los adultos podrían aplicarse entre sí coscorrones, sopapos o palmadas.

Hizo bien el Parlamento, particularmente la bancada oficial, de haber impulsado este proyecto que pronto será ley. Es que los cambios que se propuso el progresismo no son sólo del punto de vista económico y de la apropiación de la riqueza, sino que también tienen que ver con la profundización de la democracia, la conquista de marcos más amplios de libertad y con la construcción de un relacionamiento civilizado que haga a la gente más digna y mucho más humana.

Nadie puede desconocer que detrás de las paredes de las casas hay situaciones de típico corte salvaje. La violencia doméstica es parte de ese drama, que algunas veces comienza en los niños y otras veces en los niños y no pocas en los ancianos.

Pero también hay manifestaciones terribles en los ámbitos públicos, donde hay hombres y mujeres –agresores de los dos sexos– que para quedar bien ante «los otros» agreden a sus hijos, por hacer cosas inconvenientes, donde las respuestas se confunden y no saber distinguir entre una picardía y una maldad. Por lo general, los niños son pícaros y no malos.

Seguramente, en los primeros pasos de la aplicación de esta ley, se puedan cometer errores en el momento de establecer los castigos judiciales, pero ya en las pocas horas de ser conocida por la opinión pública está dando sus frutos: los uruguayos estamos haciendo conciencia de que los niños deben ser profundamente respetados.

Uruguay ha dado con esta ley un nuevo paso en la construcción de una sociedad liberal, humanista, progresista y avanzada. A la vez, esta iniciativa confluye con la propuesta de que los obreros no puedan cargar bultos de más de 25 kilogramos, lo que es también una nueva reivindicación de ser humano.

Con estas dos iniciativas, el gobierno del doctor Tabaré Vázquez está mostrando su sensibilidad humana, preocupado por la gente, entendiendo a la gente como ser humano y no como objetos de mercado y simples instrumentos de la sociedad.

Hace mucho tiempo quedaron aquellos maestros que golpearon con una vara las manos de los niños, como castigo a sus presuntas indisciplinas, que en la gran mayoría de los casos son reacciones de la infancia ante un mundo represivo de los adultos. También quedaron lejos los maestros que recomendaban tirar de la patilla del niño «rebelde», porque «no deja huellas y así los padres no se enteran».

A la vez, esta ley no va a prohibir los «moquetes» –similar a coscorrón o sopapo– para ciertos frigoríficos que quieran construir un oligopolio. José Mujica así lo adelantó. *

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