El jubilado que no quiso vivir
Dice Camus en su ensayo El mito de Sísifo que de todas las cuestiones filosóficas, la más importante es el suicidio. Se trata nada menos que de determinar si la vida vale la pena vivirse o no.
Según datos publicados no hace mucho tiempo, nuestro país ostenta una de las cifras más altas de suicidios en relación con su población. Algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que a los problemas y angustias existenciales comunes al mundo globalizado finisecular, se suman las angustias más concretas y cotidianas como sin duda lo son el trabajo inestable, la amenaza de la desocupación o el salario (o la jubilación) que no alcanza.
Ayer se informó de un hecho conmovedor: un jubilado uruguayo decidió que la vida que podía llevar con una jubilación de mil trescientos pesos mensuales no valía la pena vivirse. Así de sencillo.
El gesto extremo de este compatriota se convierte en una bofetada al rostro de los implacables tecnócratas para quienes la realidad son planillas llenas de cifras, ajenas por completo al drama social que conlleva su doctrina inhumana.
Como para que no olvidemos que cuando se habla de jubilaciones misérrimas no hay exageración alguna ni se habla en lenguaje figurado, este jubilado que no quiso vivir más nos está gritando a todos el drama que padecen miles de compatriotas; de algún modo, está trayendo la realidad concreta de los excluidos ante los ojos y la conciencia de la sociedad toda.
El equilibrio fiscal, la estabilidad cambiaria y otras consignas caras a los economistas ignoran la tragedia cotidiana a que están condenados demasiados seres humanos.
Es tiempo de tomar conciencia de este drama y de rever seriamente los postulados de un sistema económico insensible y esencialmente inhumano.
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