El semanario de la plutocracia en el día que le tocaron –muy levemente– el bolsillo a los ricos
El envío del Mensaje Complementario aprobado por el Consejo de Ministros el pasado martes, que incluye la incorporación de nuevos impuestos y asignaciones de recursos a algunos organismos estatales tiene algunas aristas dramáticas.
Como ser el sentimiento de frustración que acomete a muchos de los sectores universitarios movilizados por recursos para la enseñanza superior y la investigación.
O para las autoridades y los funcionarios del Poder Judicial, con recursos exiguos que no darían satisfacción a las expectativas generadas.
Tratándose –como se trata– de la instancia legislativa superior del quinquenio, la ley de leyes que agrupa normas, recursos y orientaciones y decide, directa o indirectamente sobre todas las áreas del Estado, es comprensible que el debate presupuestal ponga en tensión a todas las articulaciones y anudamientos del sistema institucional.
Los gremios reaccionan, los empresarios se quejan, los dirigentes políticos hacen estimaciones de «costo-beneficio» acerca de las señales a emitir en tan áspera coyuntura.
En ese contexto, repetimos, dramático, de confrontación de intereses y expectativas, resulta irrisoria y hasta distensiva la lectura del semanario financiado por las grandes fortunas.
Tanto los dos editoriales centrales, como las columnas de opinión están monolíticamente alineadas, a la manera de la prensa de combate.
También las páginas de información están ordenadas de acuerdo a lo «políticamente correcto».
«Contra los impuestos todo, a favor de los impuestos nada».
A partir de esa orientación –más que simple, simplificada– el semanario plutocrático redondea un discurso breve e inequívoco: los bolsillos gordos no se tocan. No hay en esto sutilezas, ni matices.
Cuando lo que está en juego son los pesos, el semanario de la opulencia se vuelve un panfleto ordinario.
No es prensa, es artillería en letras de molde.
Al lado de la santa ira del «no toques mi bolsillo», el viejo estilo de la agi-prop (agitación y propaganda) de los bolcheviques ortodoxos queda a la altura de un «magazine» de cotilleos mundanos.
Se hace difícil resistir la tentación de imaginar cuál sería la reacción del panfleto plutocrático ante una propuesta impositiva elaborada por los asesores económicos del Dr. Tabaré Vázquez.
En realidad es fácil imaginar qué escribirían, si así lo pintan a Bensión.
Entre la viruta más irrisoria está la de un periodista que exaltado en el «no toque mi bolsillo», por primera vez en su carrera, como en un relámpago, ha visto su imagen real y titula, y escribe varias veces en su artículo, «nosotros, los nabos de siempre». Enhorabuena.
Los editoriales centrales son belicosos, de ruptura contra todo y contra todos. En la redada caen los diputados blancos y colorados, el Consejo de Ministros y el Presidente de la República.
Para el «pensamiento políticamente correcto» dictado por la plutocracia, todo el mundo menos los empresarios de la actividad privada viven de espaldas a la realidad. Sólo ellos ven las cosas como realmente son.
En realidad no se debería dar nada a la Universidad, por supuesto. Por clasista. Tampoco para secundaria y UTU, por las mismas razones (¡clasistas!).
Tampoco para el Poder Judicial: que paguen los que lo usan. Y así.
En otro editorial, con firma, se sostiene que en realidad en el Presupuesto Nacional no se hace sino gastar «en despilfarro».
Finalmente, como corresponde a una publicación que da línea, que su función es «bajar orientaciones para la acción», el semanario de la plutocracia da una curiosa «información» sobre los aspectos sustantivos del acuerdo del Consejo de Ministros del día martes 7 y el envío del Mensaje Complementario.
En lugar de informar lo ocurrido en las instancias de gobierno de la última semana, el periódico exhibe sus sentimientos heridos y se remonta a los acuerdos suscritos por blancos y colorados antes de las elecciones, a los compromisos públicos de Batlle de no aumentar los impuestos y a las diferencias de estos pronunciamientos con las propuestas del Encuentro Progresista.
¡Cuánto dolor expresa el semanario! ¡Qué lejos ha quedado toda pretensión de objetividad!
¡Dónde ha ido a morir tanto «profesionalismo periodístico» con el que se pretendía dar cátedra!
¡Y todo por un puñado de dólares!
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