Soberanos ante todo

Quién iba a imaginar en la campaña electoral previa a las últimas elecciones nacionales que uno de los graves problemas que debería afrontar el gobierno del Frente Amplio, en caso de llegar a la presidencia, era un conflicto como el que hoy tenemos con la hermana Argentina. Nadie, o por lo menos que no llegaría a lo que llegó.

Pero las apetencias políticas o algunos otros intereses (económicos, imagino) nos llevaron por un camino que no deseamos transitar el pueblo uruguayo y argentino, ya que nos unen más cosas de las que nos separan. Y aunque parezca paradójico, lo que siempre nos unió (río Uruguay) hoy nos divide o pretenden algunos que lo haga.

La planta de Botnia, la mayor inversión llegada a nuestro país en los últimos tiempos, que va a dar mano de obra a muchos uruguayos y argentinos, tan necesitados de ello, y que nos posibilita y posiciona en muy buen lugar en el concierto mundial para recibir otros capitales que deseen instalarse en Uruguay, no debería tener objeciones, ya que se le han dado todas las garantías debidas y que exigen los niveles de control internacionales a todos aquellos que les corresponde saberlo. Y que el gobierno de Tabaré ha dicho que de no cumplir con ellos, serían sancionados inmediatamente. Es decir, se ha recorrido un camino de seriedad en el transcurso de toda la construcción y desarrollo de dicha planta en el litoral oeste.

Me duele este tema como ninguno. Mi parte oriental lucha contra mi parte «porteña». Pero como cuando juega la «celeste» me inclino, y en este caso con mayor énfasis por lo que significa el hecho, a favor de donde nací, Uruguay.

Pienso que esto llegó lejos porque no se le dio un corte en el momento debido. El gobierno de Kirchner, ante la perspectiva de continuar en el poder no quiso hacerlo para no perder adherentes. Aunque siempre dijimos que han sido y son un grupo minoritario los que se han enrolado en esta supuesta «lucha» ambientalista, y hemos sido rehenes de ellos. La inmensa mayoría del pueblo del vecino país no le dio importancia e inclusive se manifestó permanentemente en contra de los cortes de puentes, que tanto han perjudicado y perjudican a nuestra economía eliminando un flujo enorme de hermanos argentinos que desde siempre han cruzado hacia nuestros destinos turísticos.

Nos llevaron a este enfrentamiento sin tener la menor intención de hacerlo. Con un planteamiento ante la Corte Suprema de La Haya, de la cual en primera instancia ya emitió un fallo favorable a nuestro país.

Y que se está esperando, como corresponde, una segunda, por una apelación hecha por Argentina. Se nombró un facilitador en las negociaciones por parte de España, y también lo aceptamos, y nuestros representantes técnicos allí concurrieron, a pesar de que los puentes seguían cortados. Y bien sabemos que ante una negociación de este tipo se debe ceder alguna posición, pero el gobierno de Kirchner no dio señal alguna de querer solucionar el tema.

Mientras tanto, con dificultades de todo tipo y trabas internacionales, la planta continuó su construcción, hasta llegar a un punto tal que estando en condiciones de comenzar su producción, se debió postergar el comienzo. En esa instancia mostró el gobierno uruguayo también tener cintura y flexibilidad para llegar a un final feliz.

Pasada la instancia electoral en el país hermano, y con la aplastante victoria de Cristina Fernández, y con palabras salidas de su boca al saber su triunfo, nos dio una señal positiva sobre este tema; sin embargo no fue así la reacción que tuvo su esposo, aún en el poder, cuando en la Cumbre Iberoamericana, al no ser tema de tratamiento, nuestro Presidente lo hizo, dadas las circunstancias y como decíamos con la planta terminada. El mandatario argentino reaccionó en forma desmedida y, creo, fuera de lugar, tomándolo como una deslealtad de Tabaré.

Y aquí quisiera manifestar lo injusto de esta reacción, ya que desde la otra orilla jamás pensaron en los fraybentinos, que tanta esperanza tienen en este emprendimiento, al permitir el corte de puentes, y tampoco en los argentinos que nos consideran hermanos y para los cuales venir a nuestras tierras es un placer enorme.

Es decir, no le gustó que dejáramos la posición de conciliadores, cuando ellos nunca lo fueron, y la actitud firme de Tabaré al dar luz verde a la producción de Botnia demuestra que somos soberanos y que los bloqueos, sea de quien sean, no son justos. *

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