Marche preso
A yer la fiscal Mirtha Guianze, una mujer sencilla que vive en Las Piedras y que compra en el almacén de la esquina, solicitó el procesamiento del dictador Gregorio Alvarez.
En ese solo acto se concentró la historia democrática de nuestro país, quizás demasiado tarde, quizás pudo haber sido antes, pero lo que importa es que finalmente lo fue.
Alvarez tendrá todas las garantías, esas garantías que no tuvieron miles de uruguayos que fueron procesados, condenados, sometidos a salvajes torturas, cuando no fueron asesinados o secuestrados hasta el día de hoy.
Al compadre dictador, le llegó la hora. El pueblo uruguayo, sus fuerzas democráticas, están satisfecha de la nueva verdad que resplandece. No hay una sola cuota de odio ni de rencor. Es solo la Justicia que comienza a sonreír piadosa y generosa.
Es ese mismo pueblo el que va a garantizar, junto a la Justicia independiente, que el Goyo Alvarez tenga todos los derechos para poder defenderse libremente, sin que nadie lo apremie, sin que nadie intente denigrarlo.
El Uruguay entero dio ayer un nuevo gran paso en la búsqueda de la verdad y la justicia, para que nunca más haya terrorismo de Estado, violación de los derechos humanos, eliminación de las más elementales libertades.
Ante esta hora lo único que cabe es hacer el resumen de lo que significaron los años de dictadura y reconocer, a la vez, que lo cotidiano se vuelve trascendente.
Como bien dijo ayer el politólogo Agustín Canzani, durante un diálogo con Sonia Breccia en 1410 AM LIBRE, muchas veces los uruguayos no calibramos que la nueva cotidianidad que hemos logrado con el nuevo gobierno es parte de las conquistas históricas que está teniendo el progresismo desde que llegó al gobierno.
Ya vendrán los que dirán que están de acuerdo con la acción de la Justicia, particularmente sobre el caso de Alvarez. Pero lo que nunca dirán es que ellos no pudieron durante 20 años de gobierno de los partidos tradicionales, abrir el paso a la verdad para que se haga justicia.
Por cierto que no son momentos de cobrar las claudicaciones del pasado, pero tampoco se puede dejar de comentar que ha sido el presidente Tabaré Vázquez quien le ha dado un giro sustancial al tema de los derechos humanos.
Ese giro, además, se ha dado en un clima de paz que ha permitido construir una visión de futuro. Los uruguayos que visten el uniforme de Artigas, y que no están comprometidos con la violación a los derechos humanos, pueden dormir tranquilos, porque aquí no hay intenciones de revancha, muchos menos para quienes no son responsables del terrorismo de Estado.
La sociedad, tanto civiles como militares, deben saber que estos pasos inmensos que se dan para reconstruir la memoria y hacer justicia son parte sustancial de un nuevo país.
Seguramente Alvarez sea procesado y más seguramente otros responsables de la violación a los derechos humanos sigan por el mismo camino.
Allá a lo lejos, quizás no tanto, esté la reconciliación entre los uruguayos para que nunca más alguien vista luto por causas políticas. Pero antes, como está pasando ahora, se tiene que hacer justicia para conocer la verdad, aunque ella duela profundamente.
La fiscal Mirtha Guianze, una mujer de Las Piedras que compra en el almacén de la esquina, que es ejemplo del espíritu universitario que nació con la Reforma de Córdoba y que se enfrentó a la dictadura junto a la CNT y el Frente Amplio, es una de esas flores que todos los uruguayos debemos cuidar y cultivar. *
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