Uruguay y su futuro

Linda época aquella en la que el director de la que luego fue Escuela España reunía a los alumnos en el patio, desgranando anécdotas y reflexiones sobre los hechos más destacados del día. ¡Quién diría que 90 años después sucedería algo parecido, en la sustancia no en la forma, resultado del acuerdo entre los ministerios de Trabajo y Educación acerca de la importancia de la enseñanza de lo que significa el trabajo en cualquier sociedad.

Chiquilines exponiendo, preguntando, interpelando a las autoridades, ministro de Trabajo incluido, exponiendo muestras gráficas, resultados de encuestas realizadas a empresarios, sindicalistas, o concurriendo a audiciones radiales para hablar del tema.

Fue lo que pasó en el Liceo Bauzá, Escuela Técnica Agraria en Durazno, Liceo de Maldonado o en la Universidad del Trabajo en Dolores. A esta última concurrimos con Pedro Guglielmetti, evaluador de OIT del programa, y Gabriel Castellá, director general del MTSS. 30 o 40 jóvenes, estudiantes y trabajadores a la vez, temerosos al principio, no era para menos, tenían delante a tres veteranos con cargos jerárquicos, conversaba sobre empleo, derechos, trabajo en negro, informalidad, horarios, etc.

Pedro nos contaba entusiasmado su experiencia en la Escuela Técnica Agraria de Durazno, donde a chiquilines montados a caballo trataba de explicarles los peligros que ello significaba. Imposible convencerlos. Eximios jinetes al fin, cambiando los papeles, quisieron enseñarle a montar. Terminó explicando a los jóvenes y familiares, derechos y obligaciones del trabajo, que por supuesto no conocían. ¡Tentado de aprender a jinetear, por otra parte!

Mientras en el macrodebate educativo se dicen cosas importantes, tales como: «si la educación es un fenómeno de toda la sociedad, ¿es posible pensar en el Uruguay productivo sin considerar la educación vinculada a todo el territorio?»; o que «es necesaria una educación donde se incorpore el trabajo manual e intelectual, y la educación de calidad en la primera infancia», en el Uruguay profundo suceden estas pequeñas hermosas experiencias que, de profundizarse y extenderse, nos plantean un futuro esperanzador.

Deben agregarse los proyectos «Los Pececitos», «Presente y Futuro de las Termas de Almirón» o «Mini Ingenieros», que surgen entre 200 niños que concurrieron a la Feria Nacional de Ciencias y Tecnología de Paysandú. Ni hablar del proyecto de una gran nave que permite la convivencia de robots y humanos en el espacio, elaborado por liceales fernandinos y presentado ante la NASA que les otorgó el gran premio.

¿El futuro? No me gusta la contestación pesimista que dio Onetti cuando le preguntaron sobre el futuro de Uruguay. «Mirá, si Beethoven hubiera nacido en Uruguay sería director de la Banda Municipal de Tacuarembó». Y conste: admiro a dicho departamento por múltiples rasgos que podría desarrollar.

Prefiero la referencia de Galeano sobre la vida de Cortázar: «Hacía el viaje al revés por el túnel del tiempo. Desde el final al principio. Del desaliento al entusiasmo. De la indiferencia hacia la pasión. De la soledad a la solidaridad».

¿Uruguay, país en envejecimiento? Sin duda. Y no se arregla con frases o pensamientos geniales o recuerdos hermosos como los de Escuela España, sino con enfoques, políticas y acciones que proyecten el futuro del país. Si el crecimiento del hombre depende del conocimiento, cultura y el acceso a las oportunidades, no hay lugar para el pesimismo, que nos puede llevar, al decir de Paco Espínola, a convertirnos en un pedazo de tierra con gente encima. Menos teniendo a la vista todas estas hermosas experiencias: chiquilines cuestionando a ministros, yendo a la Feria de Atlanta explicando sus proyectos de Ciencia y Tecnología o recibiendo premios en el exterior por sus ideas. Tenemos futuro. *

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