Un día como hoy, hace 90 años…

El proletariado ruso, encabezado por Lenin y los bolcheviques, «tomaba el cielo por asalto». Así se inauguraba la segunda ola de revoluciones de la clase obrera internacional en su brega por terminar con la explotación capitalista. La primera oleada había nacido del ciclo de revolución continental europea en el cuadro de 1848 y cuyas ondas expansivas llegaron a la primera intentona, la heroica Comuna de París, ahogada en sangre por la burguesía de Versalles luego de 70 días de gestión de nuevo tipo.

Esta segunda intentona duró más de 70 años. ¡Cuánta vida! ¡Cuánta heroicidad y esperanza desató este escándalo teórico! Según los que entienden el marxismo como un conjunto de recetas, la revolución proletaria debería haber eclosionado en algún país capitalista desarrollado. No fue así. De todas formas, Lenin y los bolcheviques tenían los ojos puestos en la revolución alemana. La misma no se concretó y fueron asesinados en 1919 Carlos Liebknet y Rosa Luxemburgo, fundadores del Partido Comunista Alemán. Las durísimas condiciones de lo que al decir de Eric Hobswaun fue la primera «guerra total», la guerra imperialista de 1914, generaron el caldo de cultivo revolucionario y la bancarrota de la II Internacional. En efecto, los partidos que se mantuvieron como socialdemócratas quedaron paralizados… cuando no apoyaron abiertamente a sus burguesías en la guerra de rapiña. Al influjo de la revolución surgió la 3ª internacional y con ella el movimiento comunista internacional. El movimiento revolucionario en los países capitalistas desarrollados, el formidable movimiento de liberación nacional de los países coloniales y dependientes, la derrota del nazi – fascismo y el correspondiente proceso de democratización creciente en todos los países, inclusive los avances del «estado de bienestar» en la Europa capitalista, no serían del todo explicables sin este, el más formidable cataclismo político conocido por la historia de la humanidad.

Siete décadas y pico es muchísimo para la vida de una o dos generaciones, pero es un segundo desde el punto de vista antropológico, es casi nada en la larga historia de la humanidad, también en lo referente a la historia de la peripecia humana en que se hace patente la necesidad de liquidar el sistema capitalista y con él liquidar toda forma de explotación y alienación. ¡Cuántas enseñanzas deja el formidable proceso revolucionario de nuestra época, para quienes aún, a pesar de la aparente fortaleza del sistema capitalista mundial, nos movemos en el sentido de contribuir a que la humanidad encuentre las formas de tránsito que permitan la superación del capitalismo! El «socialismo real» cayó en la Unión Soviética y los países del este Europeo. El formidable historiador Julio Rodríguez sostuvo en alguna oportunidad que lo que fracasó fue una forma de «tránsito» entre el capitalismo y el comunismo… puede ser… Lo cierto es que el materialismo histórico no puede detenerse y mirar hacia el costado ante la caída del socialismo real. Creo que el socialismo cayó por sus propias contradicciones. Los revolucionarios debemos promover el debate y el estudio científico del conjunto de las contradicciones en virtud de las cuales cayó el socialismo.

Me permito sostener dos hipótesis relacionadas. Tal vez la apropiación formal que generó la estatización de los medios de producción, en virtud de la peculiar formación económico social que se abrió paso en la Unión Soviética, no significó de hecho apropiación real de la sociedad de los medios de producción… y esto porque en virtud de las deformaciones que sufrió el régimen de los soviets luego de la muerte de Lenin, aquel proceso de construcción de un estado de nuevo tipo, que «ya no sería un estado en sí mismo» como se auguraba en «El Estado y la Revolución», con el necesario proceso de democracia y participación extrema de los trabajadores en la gestión del estado fue sustituido por una cuasi clase… la burocracia se apoderó del estado y de la sociedad.

El socialismo es en definitiva una forma extrema de democracia (al democratizar la propiedad y la gestión de los medios de producción) o no es. En esa perspectiva de continuidad superadora (y de negación dialéctica) de la experiencia histórica del socialismo real, con sus aspectos positivos y sus tragedias, es que homenajeamos al Gran Lenin, a los bolcheviques y que militamos aquí y ahora por el socialismo en un continente en que empieza a aparecer la necesidad de una nueva primavera popular. *

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