El juicio a De los Santos

D esde el mismo día de las elecciones municipales en Maldonado, se comenzó a preparar la ofensiva contra el gobierno frenteamplista de Oscar De los Santos, para permitir el retorno del Partido Nacional a la conducción del municipio.

Desde el punto de vista electoral los blancos tuvieron razón, debido a que el Partido Colorado, por primera vez en su historia, quedaba afuera de la Junta Departamental. En cinco años, el gran debate iba a ser entre De los Santos o alguno de los blancos. Para eso trabajaron todos.

El senador Enrique Antía pensó que el competidor era sólo él. Federico Cassareto, diputado, no se resignó a quedar al margen de la disputa por el poder. Hoy, los dos están en carrera y sólo se distinguen por la medición de los tiempos para definir cuándo era el momento de definir el golpe a De los Santos.

Los dos caudillos blancos definieron una misma estrategia: enchastrar a De los Santos, para demostrar que en política no hay ética, ni moral. El asunto fue meter en la cabeza de los votantes fernandinos que «todos somos iguales».

La idea del juicio político fue de Cassareto, con el visto bueno de Antía, pero este veterano dirigente apostó a que el juicio se hiciera en 2008, un poco más cerca de las elecciones nacionales y departamentales. Cassareto, por su parte, apretó el acelerador porque quiere la cabeza de De los Santos por anticipado, pero también sacarle varios cuerpos a Antía en la carrera electoral.

El operativo llevó más de dos años, finamente elaborado. Contra De los Santos no encontraron nada, pero metieron algunos temas administrativos e intentaron transformarlo en delito. Denuncias en la Justicia, declaraciones en los medios de prensa, rumores por cualquier costado, fue parte del paisaje que organizaron los nacionalistas. Ni una prueba, ni una sola, lo que importaba era crear el show, para llegar al juicio político y así hacer creíble las denuncias.

Por su parte, De los Santos se ha mantenido firme, seguro, tranquilo, sosteniendo que pase lo que pase con el juicio político «seguiré aplicando el programa de transformaciones del Frente Amplio para Maldonado». Los frenteamplistas entienden que aquí no sólo está en juego el futuro político de Oscar De los Santos, sino que está en juego el gobierno nacional. Comprenden, a la vez, que la derecha prepara el más duro golpe que se le va a dar en el interior del país a la izquierda, porque Maldonado y Punta del Este son zonas clave para incidir en lo nacional.

A De los Santos no sólo se le quiere expulsar de la Intendencia, sino que se le quiere denigrar ante la población, para demostrar que los obreros no están capacitados para el ejercicio del gobierno.

Si el actual intendente de Maldonado fuera separado del gobierno, no sólo se le estará abriendo camino al retorno de los partidos tradicionales en la conducción del país, sino que se estará construyendo y reforzando la ideología de que los más humildes, aunque sean inteligentes y cultos –como es el caso de Oscar De los Santos– no están en condiciones de ejercer el gobierno y el poder, basándose en la ética y en la transparencia administrativa.

Desarmar el operativo, un verdadero «crimen» político, es tarea fundamental no sólo de los frenteamplistas, sino del conjunto de los ciudadanos comprometidos con la democracia y las causas populares. Más cuando se está ante un atentado a la temporada turística, que se vislumbra exitosa. *

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