Las políticas actuales son tan caras como riesgosas y sus beneficiarios no parecen entenderlo

E l gobierno acaba de rendir uno de sus exámenes de razonabilidad arbitrando desde la política el inevitable conflicto de ganadores y perdedores en un proceso intenso de cambios. No es sencillo crecer con estabilidad y menos aun es hacerlo conciliando. De alguna manera se ha logrado mantener la estabilidad mínima sin afectar el nivel de actividad. Aún no es hora de balances pero, en poco, veremos cómo se procesan los costos de una política económica que navega entre la administración del crecimiento, la distribución inmediata de sus réditos y una tímida cobertura de los riesgos a futuro. Si hubiera que pasar la raya ahora sin demasiada atención en los problemas de la sustentabilidad, el balance sería exitoso. Observada la gestión en la perspectiva de lo realizado en estos años debería haberse manifestado ya una amplia adhesión popular a las políticas ejecutadas. Sin embargo, ahora los balances se leen en clave de futuro. Lentamente, también en este país, la calidad de los proyectos comienza a ponderar más que la historia de las viejas cuentas. Los balances siguen importando e informan sobre la calidad de los individuos, las empresas y los países. Pero ahora es preciso demostrar que los resultados se pueden mantener en el largo plazo. Si los individuos, las empresas o los países no son creíbles en este sentido, toda la historia no vale de nada.

Y la paradoja principal del momento es precisamente ese desencuentro entre la percepción social de esos balances y la incapacidad aparente de asegurar la sustentabilidad del crecimiento y la estabilidad, condición necesaria para mejorar la confianza del mercado y neutralizar la especulación de los segmentos más agresivos del mercado. En esos segmentos, precisamente, especulan todos, perdedores, oportunistas y, paradójicamente, con mucho impacto, especulan también y muy fuerte, los ganadores. En los balances es posible identificarlos con absoluta precisión. Los trabajadores en primer lugar, usufructuarios de una recuperación de la ocupación y el salario tan intensa y acelerada que, en sí, ha comenzado a comprometer por la vía de la productividad del trabajo la estabilidad y el crecimiento futuro. Luego hay una panoplia amplia de ganadores. Y ganadores son también los consumidores en sentido lato; los que han mejorado su situación notoriamente tanto en lo que refiere a capacidad de compra, como a las herramientas que disponen para enfrentar las prácticas abusivas, los problemas de cantidad y calidad de la oferta. Sin embargo, ni desde el área de los trabajadores organizados ni desde la omnipresencia del consumidor en la vida ciudadana surgen razones y defensa de los balances.

En esta dimensión de problemas –ese aislamiento progresivo de un gobierno que va llegando a escenarios más difíciles sin adhesión racional y razonable de los propios ganadores– es natural que los problemas de la comunicación de las políticas o los balances ya sea lo de menos. Hay problemas sustantivos que hay que comenzar a evaluar de otra manera y con más audacia política antes que sea tarde. Alguien está haciendo una lectura inadecuada de las adhesiones que deberían recibir este tipo de políticas. ¿Qué es lo que falta y racionalmente pudiera ser provisto vía ajustes rápidos? ¿Acaso la debilidad de las coberturas ante contingencias adversas está siendo considerada a nivel familiar y en mesa de los trabajadores? Y si fuera así… ¿el gobierno estaría dispuesto a agregar seguridades en ese sentido avanzando en políticas contra cíclicas más perceptibles socialmente?

Es obvio que en 2008 y sobre todo en 2009 los vientos no soplaran desde el mismo cuadrante ni tendrán la misma fuerza para henchir las velas. Y en esos escenarios la sustentabilidad del gobierno será igual a la sustentabilidad de la economía. Con un agregado: que en esos escenarios la reedición de la paradoja actual no será soportable. En esa perspectiva el gobierno deberá estudiar sus fuerzas, sus políticas y quizás también sus alianzas, pero los trabajadores y consumidores deberán ofrecer señales de otra naturaleza que las que actualmente emanan de esos conjuntos. *

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