América Latina y el Caribe

La sabia enseñanza indica que los absolutismos nunca son buenos consejeros y mucho menos cuando se trata de situaciones tan volubles como son los procesos económicos, políticos y sociales.

Utilizando la dialéc tica uno podría decir que la única verdad absoluta que existe es que la verdad es relativa.

Las últimas elecciones realizadas en varios países de América Latina y el Caribe ratifican que existe en esta región una tendencia de inflexión respecto al pasado más reciente.

Para algunos analistas internacionales, lo que está pasando en América Latina es negativo por cuanto no se inscribe dentro de las corrientes de avances de la economía de mercado y de la globalización, pero para otros, lo que está ocurriendo en esta parte del continente americano no es más que la toma de conciencia de las grandes mayorías olvidadas que hoy levantan con mucho ahínco, pasión y decisión, la defensa de sus derechos.

Ahora, más allá de estas profundas diferencias, en lo que todos estos analistas coinciden es que en América Latina están pasando cosas que llaman mucho la atención.

 

El pasado reciente

Los años 80 fueron definidos por la Comisión Económica para América Latina (Cepal) como la década perdida para todos los países del subcontinente latinoamericano, porque lejos de avanzar desde el punto de vista socioeconómico, hubo más bien un retroceso.

En los 90 predominó la aplicación de los programas de ajustes bajo la orientación un programa neoliberal y sus consecuencias se pusieron en evidencia no sólo con el mayor empobrecimiento de los pobres de siempre, sino con el empobrecimiento de sectores importantes de la clase media.

La primera década del siglo XXI encuentra a los gobernantes en América Latina debatiéndose entre seguir con una política económica basada sólo en el fundamentalismo del mercado o una política económica alternativa donde el mercado y el Estado se conjuguen armónicamente y el ser humano pase a ser el centro de la misma.

Algunos hechos que se han venido sucediendo en nuestro subcontinente hacen suponer que el optimismo debe prevalecer por encima del pesimismo, por cuanto cada vez más se observan gobiernos progresistas y de izquierdas.

 

Escenario internacional

El actual escenario internacional se encuentra atravesado por varias circunstancias y diversas corrientes. En primer lugar, tenemos a la globalización, acompañada por la creación de nuevas instituciones y enérgicamente impulsada por corporaciones internacionales que no sólo mueven el capital y los bienes a través de las fronteras sino también la tecnología. Hay tres organizaciones que gobiernan la globalización: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Este proceso de globalización ha producido un incremento notable de la riqueza global y generado niveles de desigualdad nunca vistos y grandes inequidades en el reparto de los beneficios.

La globalización, además, presenta un rostro que para muchos amenaza sus tradiciones, creencias y estilos de vida, lo cual se expresa en el mundo islámico, pero también ocurre en otros puntos del planeta generando respuestas ­a veces violentas­ de pueblos y naciones que no están dispuestos a someterse a los dictados de las empresas trasnacionales y a la timba financiera.

En segundo lugar, también puede observarse una disputa creciente por los recursos naturales, que ha llevado a una guerra en Medio Oriente de consecuencias catastróficas para la región y para el pueblo de Irak.

Esta disputa que es el producto de la ambición de algunos gobernantes del mundo, particularmente de Estados Unidos, va dirigida no solamente al control de fuentes energéticas de gran importancia estratégica, sino a la instalación de una red de bases militares permanentes que, lejos de garantizar la paz de esa parte del mundo, pretende más bien tender un cerco alrededor de China, gran potencia en ascenso.

Los desafíos de hoy

Hoy América Latina tiene 500 millones de habitantes, está integrada por 35 países, posee 8,5% de las reservas de petróleo del mundo y se encuentra lejos de estos escenarios, pudiendo considerarse un continente pacífico y parcialmente integrado: esto, en las actuales circunstancias internacionales, parecería algo bueno en el sentido de abrir un sinfín de oportunidades que está en nuestra clase dirigente saber aprovechar.

Por supuesto que en esta parte del continente americano existen muchos y profundos problemas, entre los cuales se encuentran la exclusión, pobreza, delito trasnacional, destrucción del medio ambiente, narcotráfico y desigual distribución de la riqueza, los que se convierten, además, en desafíos que deben ser considerados de forma muy seria.

Ahora, lo que es posible percibir, sin miedo a equívoco, es que estos problemas y desafíos al mismo tiempo son no sólo distintos sino también que se encuentran muy lejos de aquellos que hoy conmueven al mundo globalizado, en particular la lamentable situación prevaleciente en el Medio Oriente.

América Latina y el Caribe poseen una importante reserva de recursos naturales, de gran valor estratégico y que en algún momento será imprescindible para la humanidad; por ejemplo, el agua dulce tarde o temprano despertará la codicia de las grandes potencias, y de nosotros y nuestras capacidades dependerá su uso adecuado y su defensa. Presentamos por nuestra historia un grado de homogeneidad mucho más pronunciado que el observado en otros lugares del mundo, cuestión ésta que se convierte realmente en una gran oportunidad.

Por ello resulta de suma importancia que avancemos en la integración, pero con una nueva visión, pensando ciertamente en nuestras balanzas comerciales y en el intercambio económico entre nuestros países, pero sobre todo luchando por relaciones bilaterales y multilaterales intrarregionales , donde el ser humano se convierta en el centro y los intereses de los pueblos pasen a ser el norte de las políticas de los gobiernos en esta era de inserción en el mundo globalizado. *

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