¿No habrá acuerdo sobre Botnia?

Todo comenzó en 1998, según el semanario El Heraldo, cuando el gobernador Jorge Busti de Entre Ríos habló con una empresa canadiense para hacer una pastera sobre el río Uruguay. Años después la empresa finlandesa Botnia le ofreció al gobernador una bonita suma: 200 millones de dólares, pero éste pidió 100 millones más. Había llegado Kirchner a la Presidencia, por lo cual Botnia le ofreció la concesión a Jorge Batlle, que no exigió nada.

Despechado, Busti comienza a financiar trimestralmente a unos piqueteros para que corten el tránsito en los puentes sobre el río Uruguay, según lo declaró él mismo hace pocos días. Mientras tanto Botnia va construyendo la pastera, que está lista desde hace poco tiempo. Cuando el gobierno uruguayo la va a autorizar, el rey de España, que había aceptado hacer de mediador a pedido de la Argentina, pide postergarlo hasta la reunión que habrá en Santiago de Chile el 7 y 8 de noviembre en la Cumbre Iberoamericana, a la que concurriría el rey Juan Carlos.

Todo podría, pues, resolverse el jueves 8 y todas las partes quedarían contempladas.

El rey de España habría tenido éxito en la mediación en la que tanto trabajó Yáñez Barnuevo. Botnia podría inaugurar la planta y dejar de perder dinero y los obreros podrían recuperar su trabajo.

El gobierno argentino ya está libre del compromiso político que significa una elección y puede terminar con los cortes antes de que Cristina asuma el 10 de diciembre la Presidencia de la Argentina, evitándole que lo tenga que hacer ella.

Y el gobernador Busti termina su mandato y será sustituido por Uribarri, electo gobernador hace algunos meses, que está en contra de los cortes de puentes. Porque además, un arquitecto de Gualeguaychú ha informado que las encuestas indican que sólo el 17% de sus habitantes está de acuerdo con los cortes.

La exigencia argentina de relocalización de Botnia es imposible cuando la obra ya está terminada y costaría muchos, muchos millones de dólares trasladarla, pero Argentina podría aceptar que el monitoreo de la planta sea conjunto, como le ofrece Uruguay.

A Uruguay le interesa tanto como a Argentina que la plante no contamine. Pensemos que Gualeguaychú está a 35 kilómetros de ella, mientras que Fray Bentos está a menos de 5 kilómetros y Mercedes también a menos que Gualeguaychú. Así que si hubiera problemas, los primeros interesados en suspender la autorización serían Uruguay y la Dinama.

Parece que ahora, a último momento, Argentina plantea una nueva exigencia, que es que el gobierno uruguayo se comprometa a no autorizar construcciones sobre el río Uruguay.

Es una exigencia imposible de cumplir, que cualquier gobierno posterior no aceptaría, porque atenta contra nuestra soberanía.

Y haya o no acuerdo, el gobierno uruguayo ha fijado el lunes 12 de noviembre como fecha para la inauguración de la pastera. Porque tenemos toda la razón. *

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