Importante señal

L a presidenta electa de Argentina, Cristina Fernández, está preparando la transición y ha enviado señales importantes, tanto en lo interno como en lo externo. En el terreno de las relaciones internacionales y más precisamente en lo referente a nuestro país, ayer realizó un pronunciamiento que introduce un elemento de distensión importante.

En una entrevista con el diario Clarín, Cristina Fernández dijo que Botnia «va a empezar a funcionar, antes o después. Y habrá que comprobar si contamina o no. Si no contamina, las protestas no tendrán más razón». En caso de que la planta de celulosa contamine, Fernández indicó que Argentina «deberá hacer los reclamos necesarios. Pero, mientras tanto, debemos preservar la relación en otros terrenos».

La presidenta electa argentina expresó también que hay que esperar el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, «e ir manejando con prudencia las situaciones de tensión que hasta entonces puedan provocarse», y agregó en otro pronunciamiento relevante: «No debemos hipotecar» la relación con Uruguay.

Según consigna la nota periodística, para explicar sus pronunciamientos, la presidenta electa «se pregunta a sí misma, varias veces, si es posible que una empresa haga semejante inversión (mil millones de dólares) a riesgo de que la contaminación atice el conflicto entre las dos naciones y aumente incógnitas sobre su continuidad».

Fernández, no sólo realizó estas manifestaciones, que tienen especial relevancia a escasos tres días de un posible encuentro en Chile, en el marco de la cumbre iberoamericana.

Como es obvio, la reconstrucción de las relaciones con Argentina pasa por solucionar aspectos institucionales y políticos, pero también por recomponer el diálogo y las relaciones personales.

Cristina también avanzó en este terreno y reiteró que «Tabaré fue de los primeros que me llamaron, hablamos muy bien, tengo una excelente relación y una gran estima por él».

En el difícil camino de encontrar una salida para el amargo conflicto que nos enfrenta con Argentina, las manifestaciones de la presidenta electa no son un hecho menor.

Nuestro gobierno por su parte ha hecho esfuerzos en el mismo sentido y, más allá de las formas, que sin duda son importantes, en la esencia, que siempre es el contenido de las acciones políticas, al postergar la habilitación a Botnia, oxigenó una vez más el proceso de diálogo.

Sin triunfalismos absurdos, ni entusiasmos desmedidos, que la práctica y la experiencia reciente desaconsejan, tanto Tabaré Vázquez como Cristina Fernández parecen haber dejado claro que apuestan a una solución y a recomponer las relaciones.

En el otro extremo de estas intenciones se volvieron a colocar los ambientalistas de Gualeguaychú, quienes calificaron de «lamentables» las afirmaciones de Fernández y siguen planteándose «todo o nada». Salvando las distancias, en un plano similar, el de atizar las diferencias, se colocó el Partido Nacional, que reclamó que Botnia «se habilite ya», y anunció que pedirá la renuncia del ministro de Vivienda y Medio Ambiente, Mariano Arana.

La importancia estratégica de las relaciones entre Argentina y Uruguay parecen guiar las conductas de Cristina Fernández y Tabaré Vázquez, muy por encima de los fundamentalismos corporativos de allá y los intereses político-electorales de acá. *

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