Las diferentes modalidades de la ética frenteamplista

La «patada al tablero» o «el golpe de timón» del compañero Licandro, mostrando crudamente, con el peso que tiene su componente ético, ciertas falencias voluntarias dentro del FA, ha producido en la interna frenteamplista una verdadera estampida. Es lo que ocurre cuando algún hecho imprevisible sacude el árbol, hasta lograr que empiecen a caer las manzanas podridas. Manzanas que, por ahora, se estaban «barriendo para abajo de la alfombra» (1). Con la peregrina idea de «no afectar la imagen del gobierno»(?) . Ello agarra a contrapié, o no tanto, a muchos de los involucrados, y los obliga a salir a la palestra, mostrando descarnadamente sus particulares posiciones. Lo que los deja bastante desacomodados, si se les mira con un enfoque ético basado en los antecedentes del FA.

Una de las primeras reacciones proviene de Asamblea Uruguay, metida de lleno en el «callejón sin salida» de Bengoa. La peregrina conclusión a la que llegan es que «no se debe intentar ninguna evaluación ética de los hechos que rodean la actuación de Bengoa, por parte del TCP del FA, sin que primero se haya pronunciado la Justicia». No se tiene en cuenta, claro, que la Justicia realiza un análisis desde el punto de vista de posibles delitos (necesariamente incluidos en el Código Penal). Mientras que otro ámbito muy diferente es el que corresponde al enfoque ético, donde la fuerza política tiene su órgano específico, el TCP, que tiene, inclusive, atribuciones para analizar los hechos «de oficio».No hay que esperar nada. El pronunciamiento sobre el aspecto ético del asunto es absolutamente independiente de las conclusiones a que arribe la Justicia. Porque puede ocurrir, que no corresponda ninguna pena desde el punto de vista jurídico, por no encuadrar los hechos en los delitos, que deben estar incluidos necesariamente a texto expreso en el Código Penal, e igualmente haber elementos suficientes para la condena ética a la interna del FA, debiéndose operar en consecuencia.

También se realizan cuestionamientos al recién designado como integrante del TCP, compañero Chifflet, por presunto pre-juicio. Por haber dicho que «Bengoa debía haber dado un paso al costado de su cargo actual, hasta que la Justicia se expidiera». Hay ya suficientes elementos de convicción que muestran que el «equipo Bengoa» está más que complicado en esta maniobra. No sé con qué elementos se puede tratar de seguir defendiendo lo indefendible. Y mucho menos arrojando «palos de ciego» para tratar de «enchastrar» a compañeros que han demostrado suficientemente estar mas allá del bien y del mal, como es el caso del compañero Chifflet.

También se produjeron declaraciones, por parte del ingeniero Brovetto, pasibles de ser analizadas, el que manifestó en el Plenario del FA que «no correspondía a los miembros del TCP el análisis y la evaluación de resoluciones políticas realizadas por el gobierno». Y esto es correcto.

Pero lo incorrecto es atribuir esas acciones al TCP, que nunca las llevó a cabo, no apartándose de su clara y precisa jurisdicción. Otra cosa muy diferente es la evaluación que pueda efectuar el compañero Licandro, como integrante de la Comisión de Defensa Nacional, cuando se refirió a que «muchas de las resoluciones tomadas por el gobierno eran absolutamente opuestas a los contenidos de los documentos frenteamplistas en materia de Defensa Nacional y de FFAA»(2). Seguramente, Brovetto ha resultado influido, una vez más y en forma inconveniente, por lo que se ha transformado en su habitual «modus operandi», que le hace aparecer exageradamente consustanciado de su misión, respecto a las decisiones que lleva adelante el gobierno que él integra, olvidándose del otro papel paralelo como presidente del FA. La ética frenteamplista es una sola, y se rige, entre otros, por un documento de reciente aprobación (2004) denominado «Lineamientos de conducta para la función pública». Su funcionamiento es totalmente independiente de toda otra jurisdicción en que corresponda plantear el problema, y también y sobre todo, el análisis a efectuar en cada caso, absolutamente independiente del grado de culpabilidad o inocencia que pudiera surgir del tratamiento de esos casos en la órbita judicial.

Así como ocurrió en el caso de Mario Areán, que no resultó afectado por las resoluciones de la órbita judicial, pero el TCP entendió que había contravenido claras normas de ética frenteamplista , lo que pensamos que motivara su posterior renuncia al cargo de confianza que ostentaba.

Esperemos que así sea, en el caso Bengoa, sin esperas ni dilatorias manipuladas por intereses espurios, y en todos los demás casos pendientes de resolución por el TCP, terminando definitivamente con la maniobra denunciada por el compañero Licandro, de los «agujeros negros» y de las dificultades puestas a la integración del Tribunal, eufemismo que esconde una voluntad política dirigida a dificultar ciertos trámites ineludibles, pero que resultan molestos para algunas áreas de poder interno, y que han impedido por muchos meses y quizás años, que en el FA se pueda seguir respirando un oxígeno ético indispensable, que resulta imprescindible a la hora de demostrar las diferencias existentes con las actitudes de los partidos tradicionales. De lo contrario, la cristalinidad y la lucha contra la corrupción, tan pregonadas, pasarán a integrarse como otros de los «eslóganes» meramente declarativos del gobierno.

Volver al rigor ético, V Abelando, Brecha, 19/10/07, pag. 9

«Yo soy hombre del FA, pero no soy integrante del equipo de gobierno».

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