Yo (me) acuso

El miércoles 24 de octubre los compañeros trabajadores de la banca oficial realizaron una asamblea general con paro de 24 horas. En los días previos, los diferentes medios de comunicación informaban sobre la tirantez que venía tomando puntualmente el conflicto como consecuencia de diferentes declaraciones. Los temas que estaban arriba de la mesa eran, de acuerdo con estas versiones, recuperar el salario perdido entre 2000 y 2005, estimado en un 12%, negociar el 6% para la reforma de la salud, para que la implementación del Sistema Nacional Integrado de Salud no les significara pérdida o rebaja salarial, renovar el convenio colectivo, y algún otro punto que por el momento no retengo.

Grande sería mi sorpresa – y digo sorpresa porque conozco a la mayoría de los compañeros dirigentes y afiliados a la banca oficial con quienes milité, acordé y discrepé hasta hace muy poco- cuando al otro día la prensa (y no sólo la prensa sino el Info Aebu del jueves 25 de octubre) informó del nivel del debate y sobre todo del contenido de las mociones.

Soy afiliado bancario, militante y disciplinado; considero soberanas las asambleas, pero eso no significa que esté de acuerdo con sus resoluciones. De hecho, con la Agrupación 98 mantuve duras polémicas a lo largo de casi 20 años, sin embargo, nunca criminalicé a ningún compañero por sus opiniones políticas o por el lugar que circunstancialmente ocupara en cualquier gobierno, colorado, blanco o frenteamplista.

Una de las mociones, titulada: MOCION DE RENUNCIA AL SINDICATO POR LOS CARGOS DE GOBIERNO que se votó por mayoría me involucra, por lo que me considero autorizado a opinar, en su punto resolutivo dice: «Solicitar el pasaje al Consejo de Disciplina de todos los integrantes del gremio que asuman cargos rentados y honorarios en la filas del gobierno nacional y/o municipal, dado que pasan a defender intereses contrarios a los de la clase trabajadora. Tal es el caso de…» y se nombran varios compañeros bancarios a modo de ejemplo.

Resulta innecesario destacar los logros y avances que ha tenido el movimiento sindical y los trabajadores en general en estos breves tres años de gobierno progresista que vamos a conmemorar dentro de unos días, sin embargo, hay algunos ejemplos que debemos destacar: la reinstalación de los Consejos de Salarios; se alcanzaron cifras históricamente récords de aportación obrero-patronal al BPS; por primera vez los trabajadores rurales –luego de siglos– conquistan un convenio colectivo, ley de ocho horas y seguro de paro; por primera vez las trabajadoras domésticas tienen derechos como verdaderas trabajadoras con laudo salarial, los afiliados al PIT-CNT aumentaron bajo este gobierno de 110 mil afiliados a casi 250 mil –fundamentalmente y creo que exclusivamente en la actividad privada–, fortaleciendo de esta forma en cantidad y calidad nuestra central sindical, se recuperaron empresas industriales emblemáticas que como consecuencia de políticas neoliberales habían cerrado: Funsa, Envidrio (la ex Cristalerías) entre otras cuantas más; restituimos al trabajo en Gaseba (la vieja Cía. del Gas) a toda su dirección sindical; y en lo relativo a nuestro sindicato bancario, este gobierno del FA evitó una nueva crisis en el sistema financiero impidiendo el quiebre de Cofac que, atadito con alambre, nos había dejado la administración de Jorge Batlle. Se recuperó salario real en casi todas las actividades laborales como consecuencia de los Consejos de Salarios. La desocupación bajó a un dígito. Entramos a los cuarteles, recuperamos compañeros desaparecidos y enterrados por un lado y por otro llevamos a los juzgados y procesamos a varios de los más salvajes torturadores y asesinos de la dictadura, pero por sobre todo procesamos a Juan Ma. Bordaberry, en un hecho casi sin antecedentes internacionales.

Se aprobó una Pensión Reparatoria –la Ley 18.033– para los luchadores (presos, exilados, clandestinos) contra la dictadura.

Como para pensar que la clase trabajadora uruguaya y el pueblo en su conjunto han visto defendidos –en gran medida– sus intereses por este gobierno progresista.

Lo que no significa que aún no falte mucho por hacer.

Tengo en mi mano las mociones aprobadas y salvo el sexto y séptimo punto (de un total de veinticinco puntos) de las resoluciones presentadas por el Consejo de Banca Oficial, más las complementarias, no veo ninguna otra que haga mención a la situación de los casi 300 trabajadores del ex Bco. de Crédito que por el Convenio del 3 por 1 ya deberían haber ingresado a la banca pública. Muchos de ellos han entrado en el quinto año de seguro de paro, ¡si estarán pagando las consecuencias de 2002!

No veo ninguna moción que haga referencia al logro de un acuerdo con el BROU o el BSE para que las 240 compañeras de la ex financiera Riloman tengan la posibilidad de un trabajo seguro y estable.

Está bien, las asambleas sindicales son soberanas, pero en el plano sindical, nada más, lo demás ya es harina de otro costal.

Por tanto, porque desde hace 40 años creo en aquello de sentir una injusticia cometida contra cualquiera en cualquier lugar del mundo como propia, yo me acuso y solicito públicamente mi pase al Consejo de Disciplina de AEBU, por mi condición de frenteamplista, por ser secretario del senador oficialista Fernández Huidobro, quien además –para agravar mi prontuario– en estas horas está ejerciendo la Vicepresidencia de la República.

Propongo además, juntar firmas para que todos los bancarios frenteamplistas soliciten su pase a dicha Comisión, como por ejemplo el compañero Doreen Ibarra o José Korzeniak, el propio «Ñato» Huidobro, Carlitos Coitiño, sin olvidarnos del «Lija» Pastorino que en nombre del Poder Ejecutivo ejerce la Presidencia de la mal herida Caja de Jubilaciones y Pensiones Bancarias.

Es tarea de los militantes del FA en el gobierno nacional, en los gobiernos municipales, en los sindicatos, en los comités, en los barrios seguir profundizando los cambios como garantía de que un día la patria sea para todos. *

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