Especie en extinción

E stados Unidos y George W. Bush han sufrido una nueva derrota en las Naciones Unidas, cuando por amplísima mayoría se condenó el bloqueo contra Cuba. Fueron 184 países a favor de la condena y apenas cuatro en contra, más una abstención.

Cuba y Fidel Castro han vuelto a triunfar, a la vez que han demostrado que la revolución cubana no está aislada y que la fuerza de la razón crece en el mundo, por lo menos ante este caso de la gran isla del Caribe.

En la reciente votación de la ONU, no sólo ganó Cuba, sino que también ganaron todos aquellos que condenaron el bloqueo, ahora lo que resta es que el cerco económico que sufre la isla termine por caer y para ello no hay otro camino que aumentar el intercambio comercial con Cuba.

El Mercosur, la Unión Europea, Africa, Rusia y la India tienen mucho para hacer en ese sentido. Es que Cuba, más que necesitar solidaridad, lo que reclama a gritos son mercados para colocar sus productos y servicios, pero también necesita poder acceder a otros mercados que le permitan acceder a bienes imprescindibles para mejorar la calidad de vida de su población.

La confirmación de que la ONU se mantiene firme a favor de la autodeterminación de los pueblos, condenando la agresión yanqui, no puede llevarnos a creer que la Casa Blanca y el Pentágono vayan a mostrar la más mínima sensibilidad, porque Estados Unidos no entiende la democracia cuando se trata de defender sus intereses en el ámbito mundial.

Poco le importa a Bush que durante 46 años Cuba haya perdido, por culpa del cruel embargo, 89.000 millones de dólares, perjudicando a más de once millones de cubanos, donde dos tercios de los mismos nacieron bajo esa política estadounidense.

Ahora lo que importa es que Cuba siga sintiendo el afecto y el apoyo de los pueblos latinoamericanos, para que su pueblo pueda definir su futuro sin la intromisión de la mayor potencia militar, que espera como una hiena la muerte de Fidel Castro, uno de los más grandes políticos del siglo XX.

La derrota de Bush también fue la derrota del ex presidente español José María Aznar. Estos dos políticos, representantes de las corrientes más derechistas del mundo, pocos días antes de que se reuniera la ONU, buscaron presionar a distintos gobiernos. Lo hicieron en solitario y por ello araron en el mar.

Para satisfacción de los uruguayos, el gobierno del doctor Tabaré Vázquez fue uno de los que condenó la política agresiva de Estados Unidos, reafirmando una vez más el compromiso de nuestra sociedad en la defensa de los derechos humanos y de los pueblos a estar integrados a la comunidad internacional.

Es, a la vez, para todo el progresismo uruguayo, una clara señal de que la identidad histórica de la izquierda está firme. Identidad que no impide –que no puede impedir– que nuestro pequeño país, que está al sur del sur, mantenga relaciones con todos los países que quieran compartir con el nuestro el más amplio comercio y las mejores relaciones culturales y políticas.

Se puede decir que el pasado 30 de octubre la humanidad sintió la más clara sensación de que la dignidad paga y que vale la pena mantener firmes los principios y los valores sustanciales que hacen a la esencia misma del ser humano.

El semanario humorístico cubano «Palante», una vez conocida la condena a Estados Unidos, graficó bien lo que todos sentimos. Su portada del miércoles pasado muestra a Bush cabalgando sobre un dinosaurio que representa el embargo, que le dice: «De todos modos, nos vamos a extinguir». Que así sea. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje