Otro hueco en el muro del bloqueo
Hoy, cuando la comunidad internacional vote un informe de Cuba al secretario general de Naciones Unidas sobre la necesidad de poner fin al bloqueo estadounidense, la política exterior de Washington sufrirá otra estruendosa derrota.
Quien no ha seguido el tema de cerca podría pensar que el pronóstico es demasiado categórico, pero el récord histórico de las votaciones de la resolución correspondiente revela que, a diferencia de lo que suele decirse de las encuestas, en este caso el margen de error no es del tres o el cuatro por ciento, sino de cero.
En 1992, cuando el asunto fue sometido por primera vez a consideración del máximo foro internacional, la isla fue respaldada por 59 países. Era sólo el anticipo de lo que ocurriría en los años siguientes, cuando las votaciones registraron una progresión impresionante: 88-101-117-137-143-157-155-167-167-173-179-183.
El año pasado a Estados Unidos sólo lo acompañaron en el voto negativo Israel, Palau e Islas Marshall.
Con tales antecedentes, ¿es aventurado afirmar que también mañana la absoluta mayoría de los 192 miembros de la ONU reprobará el cerco tendido en torno al pueblo cubano?
Lo cierto es que la historia del último medio siglo viene ridiculizando la decisión de una sarta de presidentes estadounidenses cuyo mayor mérito ha sido demostrar que la obstinación lo es precisamente por carecer de límites o por tenerlos más allá de la cordura.
Dwight Eisenhower, John F. Kennedy, Lindon B. Johnson, Richard M. Nixon, Gerald Ford, Jimmy Carter, Ronald Reagan, George Bush, Bill Clinton y George W. Bush algunos con más saña que otros representan los Diez Mandamientos que por más de 45 años Cuba se ha negado a observar pese a costarle lo suyo.
Incluir a Eisenhower en la lista y fijar la edad del bloqueo en más de 45 años no constituyen descuidos deliberados, indeliberados o mal deliberados: la historia también demuestra que el bloqueo nació bastante antes de aquel malhadado febrero de 1962 en que Kennedy lo sancionara explícita y oficialmente.
De vuelta a quienes no siguen el tema de cerca, digámosles que ya en febrero de 1959 Estados Unidos se negó a restituir a Cuba varios cientos de millones de dólares robados del tesoro público por personeros del depuesto gobierno de Fulgencio Batista escapados a Miami.
Para entonces el joven gobierno revolucionario no llevaba ni dos meses en el poder, Fidel Castro no era presidente, Cuba no se había declarado socialista, no había nacionalizado una sola empresa norteamericana y ni siquiera había promulgado la primera Ley de Reforma Agraria.
Washington, empero, hacía de las suyas para crearle tantos problemas como pudiera, incluyendo la negativa a un préstamo con que Cuba aspiraba a resolver la pérdida de aquel dinero, congelado precisamente en los bancos de la nación a la que le solicitaba el empréstito.
El colmo fue que no pocos de aquellos millones sirvieron de bujía de encendido a los actos terroristas y las maniobras desestabilizadoras con que los flagrantes ladrones, que ya le habían tomado el gusto y la medida al sur de la Florida, comenzaron a acosar al gobierno y al pueblo cubanos.
Si a alguien la historia le suena a «historia», sepa que un documento oficial del Departamento de Estado estadounidense fechado en abril de 1960 señalaba que con aquella y otras sanciones económicas previamente impuestas a Cuba se pretendía «promover el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno» (cubano).
Hay sobradas razones, pues, para incluir a Dwight Eisenhower en la lista y en fijar en más de 45 años la edad del bloqueo.
De todo esto y más han estado enterándose o re-enterándose los diplomáticos acreditados en la ONU, pues La Habana hizo circular en esa sede un informe sobre la Resolución 61/11 de la Asamblea General de la ONU titulado «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba».
En cuanto a los cubanos, bien se sabe que desde febrero de 1959 vienen votando contra el bloqueo de mil formas distintas, la primera de ellas resistiendo estoicamente las penurias que les imponen las draconianas medidas dictadas por Washington.
Mañana, en las pizarras de votación de la ONU no aparecerán los más de 11 millones de votos de un pueblo entero, pero una vez más se comprobará que aunque el término «aislamiento» procede de «isla», Cuba está más acompañada de lo que su sitiador cree.
Porque póngale el cuño: este 30 de octubre al muro del bloqueo se le cae otro ladrillo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad