Tres años ya, y lo que falta por hacer…

Treinta y uno de octubre. Décadas de lucha para que la izquierda fuera gobierno. Apenas pasé por aquel festejo. Me vino como una especie de tranquilidad por lo finalmente conseguido y de intranquilidad de ver a toda aquella gente humilde festejando que «todo iba a cambiar». Más allá de que siempre fui un «de a pie», lo entendí tanto a Mujica cuando reconoció el chucho de la responsabilidad. Y creo que a todos los que peinamos canas nos pasó un poco lo mismo.

Ganamos, eso sí, en gran parte, por descarte. Experiencia probada, casi no teníamos. Salvo los tres períodos anteriores de la Intendencia Municipal de Montevideo. Y ganamos, en buena parte, por descarte, porque mucha gente ya no quería más nada con los partidos tradicionales. El voto al FA fue, para muchos, un «vamos a ver qué pasa con éstos…». Tanto es así que ganamos en primera vuelta, pero en forma ajustada y hasta contando con los votos que vinieron desde el exterior.

Por supuesto que estuvieron los votos de toda la vida y de los jóvenes que cumplieron mayoría de edad. Es que merecíamos la oportunidad de ser gobierno. Y nos llegó la hora de la verdad. No por ser justos opositores podíamos ser eficaces gobernantes de un día para otro. La responsabilidad era muy grande, pero valía por décadas de lucha queriéndola.

Por suerte Tabaré había aclarado «podremos meter la pata, pero jamás la mano en la lata». Y que íbamos a tener algunas metidas de pata era cantado, no se equivoca el que no hace y más si sos nuevo. Creo que la gente estaba dispuesta a bancarse esas posibles metidas de pata, pero quería cambiar, apostando ­por lo menos­ a la honestidad, a la transparencia y a una mejor redistribución social. Que se atendieran las necesidades más urgentes de mucha gente que estaba pasando muy mal y que se creara más trabajo.

Por eso aquella mezcla rara de tranquilidad e intranquilidad aquel 31 de octubre de hace tres años.

Por eso esta mezcla rara de hoy de sentir que se ha hecho un gran esfuerzo, que se ha puesto mucha buena voluntad, que se han destinado muchos recursos a auxiliar a gente que no tenía nada, que se han cometido errores y que hemos aprendido a ser más humildes, entre muchas cosas que nos han pasado. Y por otro, sentir que todavía falta muchísimo por hacer en todos los aspectos.

Con la mano en el corazón, tomando en cuenta todos los aspectos, ¿alguno de todos los que critican de afuera, de un lado y del otro, lo podría haber hecho mejor?

Yo creo que no.

Hay que seguir para adelante. No hay otra. Ni otro. *

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