Reforma urbana necesaria
Ríos de tinta han inundado las buenas intenciones teóricas de los académicos y los «técnicos» que previeron durante décadas soluciones surgidas de sesudos encuentros para eliminar los bolsones de pobreza y producir mediante ladrillos justicia social a los Sin Techo.
Las han inundado porque no alcanza solo con buenas intenciones, para ello se precisan recursos que hoy existen pero está prohibido utilizarlos.
La falta de ellos van en contraposición al concepto de hacer vivienda y hacer ciudad, pues cuando el Estado «resuelve» una vivienda adecuada cinco son «solucionadas» mediante autoconstrucción en los asentamientos o sea, el resultado es que se puede hacer vivienda y deshacer ciudad ante los ojos de todos.
Esta realidad contundente es el resultado de dos bandos en disputa por territorio, uno somos quienes entendemos la ciudad desde la óptica de residentes en ella y como tal le damos un valor de uso; y otro distinto el de los mercaderes, que ven en ella un inmenso campo de transacción comercial y la especulación es la razón de ser de éstos, ya que las transformaciones en el uso del suelo son su fuente de lucro.
Esta concepción se traslada en idéntica proporción al acceso y permanencia en la vivienda, agravándose cuando incursiona el sistema financiero especulatorio, cipayo y fraudulento imperante en el BHU por décadas en la administración única colorada por 20 años ininterrumpidos (Cersósimo, Kneit, Noachas, Lausarot y Pérez Montero).
Estos administradores de turno impusieron una deuda a nuestros hermanos cooperativistas con una saña inconfundible, violentando todas las leyes que protegían la permanencia en la vivienda, muchas veces cuestionada principalmente por desmedidos aumentos de cuotas que no eran proporcionales a los aumentos de salarios reales que entraban en el bolsillo de nuestra gente.
Por lo tanto el resultado de la deuda es en proporción a los intereses distintos que representamos históricamente, a la «simpatía» que nos tenían por defender la propiedad colectiva, así como a los intereses de empresas constructoras e institutos truchos que representaban, los cuales resistimos con dignidad, no dejándonos avasallar ni amedrentar con las sistemáticas campañas mediáticas de la época pasada, que parecería que algún nostálgico quiere revivir, que no lograron pasar el límite de lo que consideramos justo, que es pagar en base y consideración de haber respetado nuestros derechos, oportunos para exigir las obligaciones asumidas cada perla del collar que abulta una deuda ilegítima con la cual pretenden crucificarnos; podemos argumentar y debatir con la altura de quienes no usan la descalificación como arma ante la falta de argumentos.
Hoy la mesa de diálogo con el Ministerio de Vivienda ha permitido bajar considerablemente dicha deuda, permitiéndonos ver una luz esperanzadora ante la larga noche de la impunidad económica.
La movilización así como los argumentos que seguiremos exponiendo, también podrán abrir una estela de luz y esperanza para la inversión necesaria para la concreción de un Plan Nacional de Vivienda, que significa una verdadera reforma urbana y no solo una nueva concepción de desarrollo urbano.
Para ello reivindicar las pequeñas y medianas empresas así como priorizar las empresas sociales, anteponiéndolas a las empresas de lucro y especulación es un debe y una falta, pues cuándo el Estado invierte el mismo capital en una y en otra, las sociales destinan el 100% a la producción, contrariamente a la de lucro que sustrae su utilidad.
Por lo tanto está demostrado que por cada $ (peso) invertido por el Estado construimos más metros cuadrados generando más empleo e insumos.
Para que el cambio sea real debemos esperar una mayor inversión a estas prácticas de 40 años de autogestión que pueden y deben ser mejoradas, pero con una participación y consideración real de los planes habitacionales.
Para ello deben tomar parte todos los involucrados ya sean Intendencias de todo el País, Gobierno, Parlamento, Facultad de Arquitectura, Sunca, Aebu y otras organizaciones sociales entre otras Fucvam. Porque es posible entre todos parar el trasiego humano donde 15 personas a diario «dejan» la ciudad para pasar a los asentamientos.
Los recursos están, tomemos decisiones de políticas sociales donde las económicas estén en función de las primeras.
Porque a la vista está que la euforia del crecimiento macroeconómico no llega como tal a quienes perciben sus consecuencias. *
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