Trueque de fecha: trampa a la identidad nacional
Pasó el fin de semana largo, el «espeto corrido» que han inventado para satisfacer el hambre turística que las autoridades de gobierno –con su Ministerio competente– han insistido en que debe saciarse aunque sea con fórmulas retorcidas. En la ocasión, retorciendo el sentido de una fecha que es difícil de olvidar para aquellos que se asistan de una sensibilidad normal.
El resultado turístico fue magro, muy magro, como era de suponer. En cambio, el resultado constatado para la conciencia nacional fue negativo. Es más: peligroso.
El trueque consistió nada menos que en trasladar la fecha que conmemora a los difuntos cuatro días más allá del que le correspondía de acuerdo con el almanaque y con la memoria colectiva. Se tergiversó su significado al convertir la fecha tradicional en una emboscada turística. Que, además, resultó frustrada.
El padre Mateo, que fuera director de los inquietos y bienaventurados Tacuruses, sentenció, a propósito de la malhadada iniciativa, diciendo que se estaba atacando la tradición y las raíces de la cultura nacional.
Bien dicho; tradición y raíces configuran la identidad propia de un pueblo y una nación. Y son sustanciales en la vivencia del sentimiento patrio. Un Estado que se pretenda soberano no puede jugar a la mosqueta con ese sentimiento, que es mucho más hondo, fermental y sustancial que lo que la sencilla palabra dice a primer oído.
Que se tenga en cuenta y se corrija. No sería por falta de oportunidad ni de necesidad que así se hiciera.
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