Todos bajo la mira del rifle sanitario
Milton Romani Gerner
«El poder lo hacen los que pelean.
Tampoco se arregla nada gritando, hay
que marcar presencia.
La política de la complacencia no paga (…)
Por eso (…) planteamos una política más agresiva.
Hay que hacer una protesta formal, no hay que
quedarse callado,
Si no, te están violando en la plaza pública
y todavía decís: «Â¡Me encanta!»
Miramos atónitos: miles de vacas, ovejas y cerdos sacrificados en holocausto. Masacrados y enterrados en masa, con topadoras, en aras del dios exigente del mercado globalizado. Alimento desperdiciado, hombres y mujeres con hambre; trágica paradoja. ¿Será sensiblería compadecerse con el contraste grotesco de seres tan tiernos como los pollitos BB, tirados y enterrados vivos? Los testimonios que dan cuenta del impacto afectivo, psicológico, de esta crisis dan cuenta del vínculo poderoso que hay entre el hombre trabajador del campo con sus cosas. Sus animales tienen identidad propia, son queridos como parte suya. Hombres y mujeres en íntimo contacto con la naturaleza y sus frutos. Es la relación que todos tenemos con nuestro trabajo, que nos da la identidad y nos hace sentir socialmente útiles.
Hay algo más del trabajo que la simple sobrevivencia. En el drama de los productores está matar lo vivo, dilapidar el alimento, matar lo que cuidamos con esmero: una imagen siniestra del drama nacional. Nos interpela más allá de la fiebre.
El dispositivo sanitario todo lo justifica. La zona de exclusión, el gueto para animales, productos, hombres y mujeres de una zona de Artigas ¿no es una muestra de hasta dónde llega la lógica cruel, deshumanizada y brutal del mercado? No me lo diga: ya sé que está justificado por razones de «bien general» y que si no paramos la aftosa, cagamos fuego. Pero lo brutal es eso. Que lo empezamos a pedir a gritos, que lo admitimos como «necesario», «natural» y no podemos pensar en otras opciones. Es así y no se puede cambiar. Me rebelo contra eso. Estamos a merced del rifle sanitario y todavía nos justificamos, hacemos esfuerzos por que el cordón sea mas férreo, nos autocontrolamos, nos autorreprimimos. Acusamos sin conocimiento de causas, sin tener elementos, guiados por los chismes televisivos que nunca rectifican, a un productor que «introdujo el virus» (¿los virus que habitan el medio ambiente tendrán capacidad de discriminación de dónde está la frontera?). Linchamos a «los contrabandistas» como si fuese una «novedad». El señor Presidente colocó el problema en las responsabilidades de los funcionarios de Aduana supuestamente «corruptos» y en el combate al «contrabando». El drama social que descubre la aftosa, no sólo por lo que muestra, sino por lo que estaba oculto, revela que el tema es más complejo. La fiebre aftosa descubre llagas que ya estaban y ahora sangran por todas las heridas.
El Cuerpo de Blandengues
El «contrabando» fue uno de los motores de nuestra independencia. Problema-solución, constituyó una ruptura con el monopolio mercantil de España colonizadora. Alentado por las ideas revolucionarias del librecambismo, se convirtió en símbolo nacional. El comercio ilícito promovía nuevas formas de intercambio. Nuestros cueros eran mejor vendidos a los barcos ingleses que al férreo control español. Por ello se contrabandeaba.
Los popes del neoliberalismo quieren volver a esas fuentes. Combaten las protecciones aduaneras para que la libertad del mercado rija en forma absoluta. Afirman que las desigualdades sociales lentamente se equilibrarán. Que la libre competencia nos hace mejores, realiza una especie de selección natural. Han proclamado el «fin de las (otras) ideologías» precisamente porque esta ley absoluta domina no sólo al mundo sino a la propia naturaleza humana.
También están los «vivos», que no saben nada de esta filosofía, pero curran. Hacen negocios amparados en los gobernantes de turno. Los que hacen diferencias con coimas de dos palos verdes por las «desregulaciones», ellas tan necesarias. A veces basta con portar apellido de presidente, por ejemplo ser hijo de. Tan emprendedor el chico… Estos vivos están fuera de la zona perifocal de infección neoliberal… lucran y punto.
¿Contrabando? Y las zonas francas ¿qué son?
¿Combate al contrabando cuando legalmente se introducen millones de medias o millones de zapatos en contenedores que provienen de China, Taiwan, Singapur, etcétera y que han arrasado con la producción nacional? Todos compramos en los hipermercados, y en las ferias el «contrabando» legalizado, de esos que están amparados por la ideología oficial.
El señor Presidente polemiza con los kileros que ocuparon el Puente de la Concordia reclamando (¡qué paradoja!), libertad de comercio, libertad de mercado, chiquito, hormiga… pero con ideales parecidos a los que proclama el señor Presidente. La diferencia es que esta gente lo hace simple y sencillamente como recurso para hacer un peso. Batlle retruca diciendo que la cosa no se arregla «pasando bolsitas en la frontera, que la miseria se arregla con trabajo». Sí, pero ¿dónde? ¿cuándo? ¿cómo? ¿quiénes? Disculpe… ¡otra vez estas malditas preguntas!
Todos estamos a merced del rifle sanitario disparado por la lógica del mercado que nos deja sin trabajo. Nos sentimos bajo una mira que en cualquier momento te baja de un tiro y te anuncia: prescindimos de usted, está despedido. Rifle sanitario que sentimos en la nuca los que tenemos trabajo, los que están en la changa, los que están en el seguro de paro, los que están contratados, los y las víctimas de la flexibilización. Los miles que hacen cola en las empresas de seguridad o de limpieza donde se paga $11 la hora. Un gran dispositivo de control y de dominación que nos invita a bajar los brazos y consignar nuestros más caros valores de dignidad… ¡porque siempre puede haber algo peor! Esto es el drama nuestro, de los que vivimos del trabajo.
Estamos en plena implosión social. Explotamos para adentro, que es peor, más enfermizo. Ojalá sigan los vientos de protesta, donde nuestras broncas tengan mejor destino que el suicidio o el exilio económico. Escucho en este preciso momento que los comerciantes de Minas ocupan la Ruta 8 protestando contra la instalación de un hipermercado… ¿Serán los extremistas de izquierda de que habla el ministro de Defensa?
Un extremista encubierto, señor Brezzo: las declaraciones que están al principio de este artículo son de Eduardo Ache (El País 20/10/00), ex presidente de Ancap. Están referidas al fútbol pero tienen valor universal porque hablan de la lucha contra las injusticias. Yo estoy de acuerdo.
PD: A propósito, señor presidente: ¿cuándo lo va a echar a Brezzo? Porque mire que le complica las cosas, ¿eh? Se nota que es el quinta columna metido dentro de su gobierno para joderlo. ¡Echelo; sin contemplaciones! No haremos una fiesta, pero será una medida sanitaria contra esa fiebre declaratoria que lo caracteriza y que nos hace brotar de aftas al cuerpo y al alma.
* Dirigente del PVP
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