Los instrumentos viejos del nuevo marketing

José Luis Sampayo Pírez

La decisión de la mayoría del Directorio del Banco de Previsión Social de que los pagos de prestaciones se hagan efectivos por parte de entidades públicas o privadas ajenas al organismo, puso sobre la mesa, con renovados elementos, la pública discusión sobre los roles del Estado y hasta qué punto los administradores públicos se toman atribuciones que exceden el marco de la autonomía, cuando la ley no prohíbe pero tampoco autoriza.

El hecho marca, más allá de la filosofía innegablemente privatizadora que se dicta permanentemente de parte del Poder Ejecutivo, una preponderancia cada vez menos influyente de parte del Estado en la salvaguarda del sistema de seguridad social, exactamente a la inversa de lo que requiere una sociedad que evolucione de acuerdo a los tiempos que vivimos. Sin embargo, el avasallamiento de la legislación laboral, las restricciones de acceso al retiro previsional y la posibilidad de retrotraernos a tiempos distantes, nos pone de frente a una realidad: la seguridad social no le sirve al sistema económico que hoy nos gobierna.

El tema de la descentralización de los pagos del BPS, además de agregar elementos que aportan más luz sobre cuál es el objetivo con la seguridad social, dio lugar a una masiva expresión de rechazo a una campaña publicitaria que, como siempre ocurre, despreció la dignidad, la inteligencia y el derecho a la verdad de la información de los jubilados y pensionistas.

Veamos lo que se les dijo, con tal de contar con su adhesión, mientras se pagaban docenas de miles de dólares para captarlos como clientes vitalicios:

El Correo Nacional: «A usted le gustan las cosas claras«.

ANDA: «ANDA le paga su jubilación un día antes«

Abitab: «Señor pasivo: en Abitab le aumentamos su jubilación«

Se argumentaron otros disparates, pero con analizar estos casos nos alcanza para medir la «calidad» de las empresas a las que se eligió para tratar con los jubilados y pensionistas.

La Administración Nacional de Correos fue uno de los tradicionales desastres de la función pública en nuestro país. Es bien sabido que su confiabilidad es aun hoy muy cuestionada, a pesar de que funciona algo mejor que años atrás. También es cierto que es uno de los organismos que el gobierno pretende no optimizar, dado que los intereses privados se anteponen para que también un día el correo estatal desaparezca. No hace mucho tiempo LA REPUBLICA publicó un estudio sobre la llegada a destino de la correspondencia, según la sucursal donde se encomendaba el envío. El resultado no fue nada positivo para ese organismo. Creemos que es el propio Correo el que debe aclararse mucho, antes de cuestionar veladamente la claridad con que actúan los funcionarios del BPS, sin duda mucho más capaces que un farmacéutico para pagar jubilaciones.

En el caso de ANDA, bien sabemos que vive, creció y crece gracias a la necesidad de miles de trabajadores, jubilados y pensionistas. Esa misma necesidad de la gente es utilizada en esta oportunidad. ¿Qué demuestra la publicidad de ANDA? La penosa miseria de quien, por cobrar un día antes, opta por esa entidad. Vergonzoso, ¿verdad?

De Abitab tenemos otra clase de antecedentes. Desde el momento en que se han llegado a asaltar tres de sus locales en un día, no pueden hablar de seguridad. Personalmente viví esa experiencia en un local céntrico, con guardia y que justamente es propiedad del presidente de Abitab. Pero además la bajeza de llegar a decir «le aumentamos su jubilación» en un recinto donde se levantan juegos de azar varios y se venden loterías, nos inclinan a pensar que lo más propenso es que el jubilado o pensionista salga de allí con la pasividad rebajada y no aumentada, además de que, habitualmente, será recibido por un receptor de juego o por un cobrador de deudas, que no es lo mismo que recibir el trato de quien tiene como responsabilidad primordial, pagarle su pasividad, tratarlo como corresponde y velar por su seguridad en un recinto que está acondicionado para eso y no para otra cosa. La utilización de la necesidad de la gente como emblema publicitario, nos causa un visceral rechazo a todos los que están involucrados en esto. Pocas vilezas pueden semejarse a estas «creatividades publicitarias» detrás de las que cabalgan muchos miles de dólares. La necesidad de la gente en nuestro país, sirve para estas cosas.

* Integrante del Equipo de representación de los pasivos en el BPS

 

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