Blancos federales patriotas vs. unitarios colorados imperiales
Hubo y aún lo hay, una lucha nacionales vs. imperiales desde la época de la Patria Vieja. Diferencias que se marcan incluso hasta en conductas éticas personales sin perjuicio de las ideológicas sustanciales. El padre del federalismo popular nacionalista rioplatense, fue sin duda Artigas. Continuado en nuestras costas también ideológicamente por el Libertador Manuel Oribe y sucesores blancos, a saber entre otros Villademoros, Berro, Leandro Gómez, Timoteo, Saravia, Herrera, etc. En la «acera» opuesta del río, los Dorregos, Juan Manuel de Rosas, Mancilla, Facundo Quiroga, etc. Pero sobre todo, fue una lucha más simplificadamente entre doctores «cultos» unitarios deslumbrados y vendidos a las «luces» imperiales europeas (Británicas y Galas particularmente) contra la «barbarie» del gaucho «bruto» y «analfabeto» enamorado por el cariño a sus fértiles tierras, al canto de calandrias y chingolos y a la libertad del viento pampero que llevaba ínsitas sus rebeldías igualitarias e independientes. Por supuesto también había una lucha económica. De doctores, cuya máxima representatividad intelectual la representó el más feroz enemigo de Artigas, el «hijo de puta» y me quedo corto de Sarmiento, que aconsejaba a sus generales unitarios». Dejen que corran a raudales la sangre de los gauchos, es buena para regar la tierra». (Sic) Que sostenían que estas Patrias nuestras debían ser generadoras de materias primas en bruto, carne, tasajo, pieles, cerda, lanas, granos, etc., par dársela a cambio de mercaderías ya manufacturadas a los imperios europeos (libre cambio) que en la era «maquinista» tenían sus almacenes atiborrados y sobrantes de mercadería particularmente suntuarias, telas, perfumería, bisutería, y demás. Los federales Artigas y Oribe incorruptos acá, y allá fundamentalmente Juan Manuel de Rosas, protegían la incipiente industria nacional reservando el mercado interno a producciones que se elaboraban en nuestros lares, y poniendo fuertes gabelas impositivas a esas importaciones «gringas» competitivas. O sea, protegiendo la riqueza nacional que era en definitiva la del gaucho y del pueblo humilde en su futuro. En buen romance, una lucha de clase entre doctores intelectualizados y comprados abiertamente con sus generales, Lavalle, Rivera, Rivadavia, Rodríguez, etc. Bueno es leer el informe del Canciller francés de la época, Tihers, exponiendo a su parlamento: «no fuimos a esas tierras lejanas del plata a hacerle la guerra a ningún tirano (referido a Rosas) que poco nos importa, lo hicimos porque el señor Rosas nos cierran el libre tránsito de los ríos interiores con sus generales (Oribe, Mancilla, etc.), para colocar comercialmente nuestras producciones a cambio de sus materias primas (intercambio de los «espejitos» conocidos). Los ríos interiores en todas las épocas son de la soberanía de los países costeros. Nunca de libre navegación como es el régimen de mares abiertos. La batalla de la Vuelta de Obligado fue una victoria pírrica de los imperios que en los hechos marcó el triunfo patriota federal definitivo en la hora. Tihers culmina revelando honestamente a su gobierno, la nómina de generales unitarios «comprados» con cifras incluidas: «tanto al general Lavalle, tanto el general Rivera y demás etcéteras. Todo un poema de corrupciones! Los federales y buena cosa es marcar algunas diferencias menores, no tuvieron exactamente iguales los criterios. Artigas como Oribe en sus administraciones no marcaron jamás diferencias por clases sociales como comerciales. Se igualó al gaucho, negro, indio o mulato es su protección indiscriminada, reparto de tierras, etc. Rosas también lo hizo. Dividiendo particularmente la pampa desértica con poblaciones gauchas con apoyaturas y medios productivos, animales, granos, herramientas, etc. Aunque no se desprendió de su calidad de «saladerista». Producción, que aunque sea cierto, era la principal de estas tierras, tuvo innegablemente marcadas preferencias suyas. Pecado menor si tenemos en cuenta su enfrentamiento antiimperial y la protección a la clase productiva necesitada más humilde como las de provincianas. Los doctores unitarios y colorados allá y acá mayoritariamente, con sus intereses y doctrinas foráneas europeas, fueron los socios y cipayos del imperio. De este lado, Oribe atacaba sus intereses aboliendo la esclavitud y terminando con el vergonzoso comercio humano, concretaba la incipiente reforma agraria o reparto de tierras artiguistas, la red de escuelas rurales y creaba la universidad emparejando el nivel cultural, organizaba el correo nacional, reconstruye la biblioteca nacional así como la organización de la salud pública. Pero sobre todo creo una verdadera administración pública que hasta en ese momento se hallaba en escombros como las arcas nacionales que el descalabro del gobierno anterior de Rivera dejo con una deuda de 2.200.000 pesos, cifra impagable en la época (una especie de default…). Sin perjuicio de lo expuesto es de recalcar el concepto de honradez administrativa de esa federación artiguista y oribista. El prócer, cuando su derrota, entrega a Juan Antonio hasta su último patacón para repartirlo entre los más necesitados servidores de la Patria. Se va en la más absoluta miseria. Oribe posteriormente fue también proverbial su honestidad fanática y cristalina de su administración. Hay una famosa carta de Melchor Pacheco en donde reconoce, él que fue un notorio enemigo, se lamenta «con dolor» de haber perdido el orden administrativo de Oribe. Y como conclusión para la actualidad de nuestras Patrias como vigencia aprovechable no solo en lo ético, es señalar lo que en la historia sigue siendo determinante. El ejemplo de ese federalismo de los caudillos nacionales en la lucha antiimperialista que puede y sigue siendo muchas veces a sangre y fuego como puede igual manifestarse en maneras más «modernas» disfrazadas de estructuras también de fines depredatorios y voraces imperiales como el FMI, Banco Mundial, TLC, y demás etcéteras. Estas expresiones creadas en el siglo XX no son espiritual y materialmente diferentes que las que defendían las flotas francesas e inglesas en la rada de Montevideo al gobierno entreguista de doctores y corruptos generales del gobierno de la «Defensa». Hoy más que nunca, desde el fondo mismo del «alma» de estas tierras espoliadas por apetitos extranjeros imperiales, sigue teniendo vigencia al grito libertario de: VIVA LA SANTA FEDERACION! VIVA EL PROCER ARTIGAS Y EL LIBERTADOR ORIBE! *
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