Turcos e italianos

JORGE R. BRUNI – Subsecretario de Trabajo y Seguridad Social

Jorge Luis Borges, en uno de sus famosos prólogos escribió: «El sujeto de una de sus crónicas era turco. Pero lo hice italiano para intuirlo con más facilidad».

Aplicable al muy buen reportaje que me hiciera días atrás ese excelente periodista que es Javier Benech, que recoge, entre otras muchas afirmaciones que yo le hiciera, la posibilidad de que entre los temas para el fomento de políticas proactivas de empleo figuraba, previo estudio y consulta con los actores sociales, la de instrumentar un sistema de pagos decreciente luego de que se agotara el período de los seis meses de amparo al seguro de paro. No antes.

El mismo día en que se publica el reportaje de Javier, el título principal del diario El Observador fue: «El gobierno se propone bajar el monto del seguro de desempleo». De inmediato surge la pregunta: ¿es lo mismo achicar los montos del seguro de paro que plantear prestaciones decrecientes, cuando el subsidio se prorroga, se extiende, luego de los seis meses, no antes? Todo lo contrario.

Esto es: el titular del diario fue el italiano de Borges, y el reportaje publicado en páginas interiores, el turco de la crónica. Lo cual me obligó, a través de muchísimos reportajes en diarios, radios y televisión a aclarar el equívoco. Porque es notorio que levantó polvareda, fundamentalmente entre los trabajadores, entre los cuales destaco el comentario de mi amigo Juan Castillo: «Es una barbaridad». Expresión que es comprensible a la luz del italianísimo titular principal, no del turco reportaje, respecto del cual conviene precisar además, que fue planteado sólo como ideas ante el Diálogo Nacional sobre Seguridad Social, a efectos de recibir aportes, ideas, sugerencias de quienes participan en el mismo. Por tanto ¿cómo se puede afirmar que el gobierno quiere rebajar el monto del subsidio?

Hace un mes estuve en Cádiz, donde tuve la fortuna de conocer al periodista español Frank Sevilla, destacado en Irak para cubrir la impresentable guerra desatada, donde fue secuestrado por algunas horas por haber sido confundido con un espía de EEUU.

En una de esas tantas noches de confidencias, estando presente Eduardo Galeano, me contaba que apareció una imagen del presidente Rodríguez Zapatero acercándose al mar en el que se reflejaba la montaña, a punto tal que era difícil distinguir lo que era agua y tierra.

Al día siguiente, aparecieron dos fotos en medios periodísticos diferentes, en las que se le ve con un pie en el agua. Uno de ellos tituló: «El primer mandatario es como Dios: camina sobre el agua». El otro expresó: «El presidente no sabe nadar».

Apelo a la racionalidad y buena fe. A nadie le hace bien que sucedan estas cosas. Felizmente tuve la oportunidad de aclararlas a través de múltiples medios periodísticos. Cabe reconocer que el propio diario El Observador, al día siguiente, recogió en otra nota con titular también opinable, la aclaración que realicé. Lo agradezco.

Al respecto, acudo a una importante reflexión publicada por el propio El Observador, que tiene que ver con el tema: «La libertad más difícil de conservar es la de equivocarse». De acuerdo. Todos estamos expuestos a ello, fundamentalmente quienes, feliz o infelizmente aparecemos asiduamente ante la opinión pública. También El Observador.

Finalmente, nada de burlas por lo sucedido. Porque como muy bien dice también el propio diario, «las burlas son el vaho que exhalan los corazones pequeños».

No obstante insisto: una cosa es la brillantez literaria de Borges, al cual se le puede perdonar algunas de sus expresiones, y otra muy diferente, cuando a través de los medios se traslada la idea de que un turco puede ser italiano. *

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