San Carlos, el pago chico

Carlos Bouzas

Acaba de ocurrir algo que habitualmente pasa inadvertido para la prensa. La Junta Local Autónoma Electiva de San Carlos ha resuelto –con el voto conforme de cuatro de sus gobernantes– que se cubran doce plazas de peón mediante un sorteo entre todos los habitantes que estuviesen interesados. Se trata de contratos por sesenta días renovables, con una remuneración de cinco mil pesos líquidos al mes.

Se habilitaron las oficinas de la Junta desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde y se inscribieron setecientos cinco aspirantes.

Hasta aquí la noticia confirma un dato preocupante en el país: el hambre de trabajo de la gente. Pero también establece un precedente en los gobiernos municipales del Interior: el llamado a sorteo, prescindiendo de la cuota política, como es habitual.

Para refrescarle la memoria le recuerdo que en las últimas elecciones municipales del mes de mayo, la fuerza mayoritaria (42%) en San Carlos, fue el EP-FA. Por lo tanto, la presidencia de la Junta Local ha correspondido a esa fuerza política. Aunque, como no alcanzó la mitad más uno de los votos, debió conformarse con disponer de dos ediles en cinco electos. Es decir, que es una presidencia que debe gobernar en minoría.

Hace unos meses, a poco de instalada, los tres ediles de la oposición, haciendo mayoría, resolvieron contratar cinco personas para desempeñarse en cargos de particular confianza, repartiéndose los mismos por cuota política entre blancos y colorados. Los contratos son por tiempo indefinido y se remuneran con la friolera de unos treinta mil pesos mensuales.

Para la provisión de los cargos de peones a que refiero al principio de esta nota, se había propuesto el mismo sistema. Sin embargo, la presión ejercida por la población trajo como consecuencia que triunfara la posición sustentada por los ediles del EP-FA desde siempre.

San Carlos, la primera ciudad del interior del país que ha conocido un triunfo electoral de la izquierda con consecuencias de gobierno, tiene una tradición de pelea y defensa de la identidad y los derechos de sus ciudadanos que viene de lejos.

Es importante tener en cuenta la impronta política que se impuso en esta, la segunda ciudad del Departamento de Maldonado, desde el movimiento político iniciado por Pepe Frade en los años sesenta, que fue coincidente con la acción innovadora en el plano social, del profesor Joaquín Pau al frente del liceo, los doctores Hoffman, Lustemberger, Almandós y Mautone en el Hospital, o el ingeniero Bianchi en la Escuela Agraria.

Aquella semilla política ha dado los frutos que hoy exhibe la población carolina, que hace sentir su voz gritando, cuando no quieren escucharla y que genera líderes populares de la talla del diputado Darío Pérez y el presidente Toto Núñez.

* Militante del Frente Amplio

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