El interés general y los reclamos corporativos

El presidente y el gobierno están haciendo las cosas bien, pero veo que no hay quién los proteja de tantas mentiras y falsedades.

Los que realmente tienen que ver con las comunicaciones no veo que se les ocurran cosas que realmente golpeen, y lo digo respetando a muchos que conozco, pero las ideas no aparecen.

Hay que comprender que son otros los que tienen que juntar los votos y los mismos no se juntan con una pala. Algunos están sentados sobre la soberbia y no quieren bajarse del caballo, y les quiero decir que nosotros hace tiempo que andamos de a pie y así seguiremos, porque cuando salgamos a golpear puertas no sea cosa que por culpa de algunos las encontremos cerradas, y no será por falta de lealtad del pueblo, sino porque el derecho a ser bien correspondido hay que saberlo ganar, ya que el tema no es ganar las próximas elecciones, que estoy convencido que las vamos a ganar, sino que valga la pena.

Todo nos está diciendo que hay en ciertos sectores del poder un exceso de arrogancia y ésta no es buena ni siquiera cuando es poca.

Como están las cosas en la oposición, el país debe ser gobernado y el Presidente no puede hacerlo sólo librado a sus fuerzas. Es preciso tener en cuenta que a algunos les cuesta entender que hay que crear las condiciones que permitan el funcionamiento armónico del aparato estatal. Deben comprender que nunca como ahora fue tan importante supeditarlo todo al interés general. Y eso vale para todos pero también para los reclamos que tienen que incluir los más justos y lógicos de todos los sectores de la sociedad, sin excepción. Y para ello es imprescindible un mínimo de sacrificio de parte de aquellos que hasta hoy han estado en una situación desahogada.

La gente tiene la tendencia a aferrarse a sus ilusiones, incluso negando la realidad. Y es comprensible. Pero sinceramente entendemos que es posible postergar ciertos reclamos –sobre todo de parte de quienes tienen salarios decorosos– porque la consecuencia es estar dándole de comer a las fieras.

Tenemos que tomar conciencia de que no hay que hacer las cosas mal. Debemos ser muy cuidadosos ya que el tiempo puede agravar las cosas y, de ese modo, se termina haciendo mal y tarde lo que pudo hacerse antes y mejor.

Por suerte, no es más alentador el panorama que ofrece lo que parece y no es, el otro extremo del escenario político. Allí impera la declamación testimonial que lleva a oponerse a lo malo por malo y a lo bueno porque no tiene para ellos la perfección máxima, pero de cualquier manera hay que despertar a algunos anémicos y no dormirse en los sillones.

Quiero terminar con un viejo cuento que el que quiera interpretarlo que lo haga y a quien le quepa se lo ponga.

Un alacrán solicitó a no sé que otro animal del bosque, buen nadador, que lo transportara hasta la otra orilla arguyendo que no había peligro de que usara su ponzoña pues en tal caso perecerían los dos.

Y cuando clavó su aguijón en medio de la corriente, explicó con naturalidad: es que no puedo con mi condición.

Ojo, y a poner atención, que hay muchos que –como el alacrán– no pueden con su condición. *

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