Las dos caras de la moneda
Daniel Pereyra Maneli *
En medio de esta desesperante y divertida pesadilla que sufrimos todos los habitantes, no existe un solo analista que, con fundamento, concluya que el desastre nacional podrá ser superado siquiera a mediano plazo.
La angustia que domina a grandes sectores de la población más castigada se canaliza velozmente hacia la emigración famélica que, en constante aumento, busca en otras tierras lo que su suelo le niega desde hace décadas; porque esto no comenzó ayer…
A su vez, aquellos que por algún motivo no pueden huir de la nave hundida y quedan resollando en una atmósfera contaminada por la frustración, la inseguridad y la impotencia económica, se ven afectados por una suerte de resignación nacional.
No es para menos. Todos los ministerios en plena retirada, entre ellos el de Salud Pública que muestra su absoluta impotencia sin sonrojos ni pudores.
Basta recorrer los hospitales en las primeras horas para convencerse hasta el espanto de que el servicio asistencial público está sostenido por un colosal sentido de responsabilidad solidaria que todos los funcionarios derraman en generosas dosis.
Huesudos pacientes y flacos acompañantes encerrados en pellejos traslúcidos aguardan larguísimas horas para lograr, si son afortunados, un diagnóstico certero y no más que eso, porque de medicaciones, internaciones, calores y alimentos, mejor no hablar.
Es una multitud casi en harapos que, en silencio de piedra, huele a pobreza extrema en lo que parece ser la última maña de sus infelices días.
Como si nada ocurriera, los gobernantes que disimulan, mienten y engañan, convocan a teatrales diálogos para incautos, seguidos por evaluaciones y estudios de impacto sobre eficiencia, eficacia y productividad al tiempo que propagan la ignorancia y la incultura.
Todo está bajo el dominio de los sectores económicos más fuertes que, además, controlan de cerca y celosamente los medios de comunicación, desinformando puntillosamente sobre la profundísima crisis que destruye desde los cimientos, todas las estructuras que contienen al país y su identidad nacional.
Recientemente, y como consecuencia de la aftosa, algunos gobernantes fingieron descubrir asombrados la hiperrealidad de nuestras zonas fronterizas con Brasil y Argentina. Los 159 millones de brasileños, aun con un 15 % de analfabetismo, pesan tanto en nosotros que algunos compatriotas sonríen y, con el pulgar en alto, preguntan en correcto portuñol «¿tudo bem?»
Por su parte, 37 millones de argentinos nos invaden a través de un circo mediático de star system que se sirve de Susanas, Mirtas, Amalitas y otras esfinges que, en indisimulable porteñol, exclaman creativas «amorosa, cómo te quiero».
Esos 196 millones más la población paraguaya constituían el potencial básico del Mercosur, mercado que Uruguay abastecería hasta la saciedad con pleno empleo e industrias florecientes. Sin embargo, lo efectivo es que nuestros transportistas son detenidos en las fronteras donde dificultan o impiden el ingreso de la producción nacional para, después de asfixiarla, ofrecerle ventajosas condiciones si trasladan las plantas a sus respectivos territorios, con la secuela de mayor desocupación y desesperanza.
Ya nadie compra el discurso. Y con el saqueo instalado, el gobierno está pintado.
* Ex magistrado judicial
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