Diario de Haití

A partir de hoy, hago mi primer viaje a Haití. El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), del que soy el secretario ejecutivo, realiza su primera actividad allí.

Voy con el corazón encogido, por las imágenes que me esperan, en un país notable, que realizó la única insurrección victoriosa de esclavos de la historia. Iniciada en 1791, en la colonia francesa, en su momento la más próspera de las Américas gracias a la producción azucarera y la esclavitud de medio millón de esclavos, un contingente diez veces mayor que la población blanca francesa.

Tan sólo dos años después de la Revolución Francesa de 1789, esclavos rebelados, liderados por Toussaint L’Ouverture, intentaron liberar la isla y hacer una alianza con la Francia revolucionaria. (El principal libro sobre la revolución haitiana fue escrito por el historiador estadounidense CLR James y tiene el título sugestivo de «Los jacobinos negros», publicado por la editorial Boitempo [1], está siendo filmado por el director negro de los Estados Unidos Dany Glover, en Venezuela.) Esa alianza, en pie de igualdad, se convertiría en un baluarte de las ideas más avanzadas en todo el continente y más allá de nuestras fronteras. El proyecto no triunfó y Toussaint L’Ouverture fue hecho prisionero y llevado a Europa. Murió de frío en una prisión francesa en los Alpes.

Haití acabó conquistando su independencia en 1804, derrotando las tropas francesas, inglesas y españolas, haciendo de Haití la primera colonia liberada de la opresión extranjera colonial en América Latina. Los colonizadores nunca perdonaron esa humillante derrota y Haití fue transformado en un caso ejemplar que debería pagar el precio caro por su osadía. Al final, la esclavitud sobrevivía ampliamente en los Estados Unidos, en Brasil, en Cuba, mientras que en Haití habían conquistado su libertad y pasaron a dirigir el país de forma soberana. Sin embargo, la destrucción del país producida por las guerras provocó que su producción bajara a apenas un 1% de lo que era antes.

Desde entonces, Haití tuvo muchas dificultades para retomar su desarrollo, fue anexionado de nuevo por España y, posteriormente, una nueva rebelión conquistó la independencia. En el siglo pasado, la dominación imperial de los Estados Unidos delegó a la dinastía de los Duvalier cuidar de la neocolonia, a lo largo de varias décadas.

Más recientemente, como sabemos, con el fin de la dinastía, Jean Bertrard Aristide, sacerdote vinculado a la teología de la liberación, ganó las elecciones, fue depuesto, pasó el exilio en los Estados Unidos, que lo reconducieron al poder, creando un gobierno muy contradictorio –que privatizó empresas y utilizó la violencia contra los opositores–. Acabó siendo acusado de corrupción y de vínculos con el narcotráfico, siendo derribado por una coalición militar entre los Estados Unidos y Francia.

Tropas de Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Bolivia, entre otras, sustituyeron las tropas invasoras, sin que ningún programa sustancial de reconstrucción del país haya sido llevado adelante. Se realizaron elecciones presidenciales, fue reelegido un presidente, pero, a lo que todo indica, aunque aparentemente exista menos violencia, la situación social y económica continúa tan precaria como antes. Haití continúa estando entre los últimos países del continente y de todo el hemisferio en términos de miseria y atraso.

Contaré lo que vea, lo que saque de las conversaciones, lo que pueda analizar, así como los tipos de acuerdos y apoyos que sea posible realizar en el marco del seminario que estaremos realizando esta semana. *

[1] La edición en español de Los jacobinos negros fuepublicada por EdicionesTurner y también por elFondo de Cultura Económica.

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