¡Hasta siempre Comandante!

Me tocó vivir el hecho de la muerte del «Ché» Guevara muy de cerca. ¿Por qué? Trabajaba en «El Popular» (linotipista), y las noticias referentes a la Revolución Cubana y a las actividades del glorioso Comandante se seguían de cerca. Más allá de que referente a su cruzada latinoamericana se tenían noticias escasas, por lo tanto lo poco que se lograba saber se absorbía con mucha cautela y precaución. Además, los «especialistas» en noticias (léase los norteamericanos, con la CIA a la cabeza), hacían correr versiones de todo tipo.

Pero hoy, a cuatro decenios de la fatídica muerte del guerrillero en tierras bolivianas, nos encuentra con otro panorama en su querida Latinoamérica. Sus aspiraciones, sus pensamientos, su claridad referente hacia dónde apuntar los cañones respecto de la lucha social por un mundo mejor, y cómo lograrlo, se ven reflejados en varios países donde impera un aire nuevo, donde sus pueblos se han inclinado a apostar hacia un cambio sin dependencias, y han arribado a gobiernos progresistas.

Las virtudes del «Ché» no las voy a resaltar, porque creo que su personalidad y su figura van más allá de creencias, religiones, idiomas, etc., y que han llegado a los cinco continentes como ejemplo válido de la lucha de los más pobres sobre los que aspiran a dominar este mundo, sin dejar que esa gente logre su bienestar.

Pero sí quiero destacar algunos aspectos de este hombre íntegro, que dejó de lado sus apetencias personales (si las tenía), para dedicarse de lleno a esa lucha en la cual creía y estaba consustanciado hasta la médula, y que no medía el riesgo cuando debía enfrentar al enemigo en el campo que fuera (a través de un discurso, en la selva enfrentando a los ejércitos enemigos), poniéndose al frente de cada batalla.

Además tuvo una sensibilidad especial, y ello lo demuestra su «Diario», en el cual volcó día a día sus sentimientos, sus experiencias y cómo veía el futuro en estas latitudes. Siempre recordando a sus hijos, a su mujer, a sus padres. Y con una carta póstuma que realmente es extraordinaria, en la que les pide a sus hijos que ESTUDIEN… que es fundamental para el futuro de ellos.

Como ha dicho Fidel, quien lo conocía muy bien, se apresuró en sus acciones, y prueba de ello es que el líder cubano le insistió hasta último momento para que dejara para más adelante esa incursión para lograr liberar el continente del yugo opresor, cosa que Castro no logró. Pero era producto de su afán y de su convencimiento que se podía llegar a mejores días para nuestros pueblos.

Sobre su muerte, en días posteriores a la noticia, la descreíamos, o a lo mejor no queríamos que fuera verdad. Además, como decía líneas arriba, la CIA trabajaba a pleno, y se pensaba que era una versión para debilitar a los movimientos incipientes en nuestro continente, ya que la figura de Ernesto era relevante. Lamentablemente, luego esa foto, tan divulgada en todo el mundo, nos dejó con una tristeza enorme. A pesar de que sus ojos (abiertos), en ese camastro en el pueblo La Higuera, nos guiaron para continuar su lucha y llegar a este presente alentador y aspirar a un mundo mejor.

Reitero, entrar en detalles de sus actividades sería muy extenso, pero viendo declaraciones en un documental, de un oficial del ejército cubano que luchaba junto a él en sus últimas batallas, me lleva a comentarla. Cuando se vieron cercados por el ejército que los perseguía, el «Che» se apartó de sus compañeros, lo que llevó a que lo aprehendieran, pero con una valentía enorme y demostrando su humanidad y solidaridad, logró mediante una negociación, que a los heridos les permitieran irse. Este hecho refleja todo.

Allí en la selva boliviana, en un pueblo pequeño, donde terminó sus días, se ha recordado con entrañable emoción, y la palabra de sus habitantes ha sido fiel reflejo del cariño por el Comandante.

Y dejo para el final un hecho insólito. Aquel oficial que debió apretar el gatillo para cumplir una orden superior y tronchar la vida del guerrillero argentino-cubano, tuvo la «recompensa» luego de muchos años, de la lucha del «Che». A pedido de su hijo, un grupo de oftalmólogos cubanos que realizaba su actividad profesional en Bolivia, operó a ese hombre, sin saber a quién lo hacían. Luego, su hijo (de nombre Ernesto), en agradecimiento, hizo público este hecho.

Por ello pienso que su lucha, su muerte no fueron en vano, para nada. Cuarenta años atrás nacía una luz de esperanza y, como dice la tonada, que es himno universal: «Aprendimos a quererte…». *

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