Hacia una atención sanitaria integral
E l Senado aprobó el proyecto de ley de creación del Sistema Nacional Integrado de Salud, norma que resulta ser la tercera pata del ambicioso plan de reforma de la salud que implementa el gobierno actual, luego de la aprobación de dos leyes anteriores, las de descentralización de ASSE y de creación del Fonasa.
Más allá de las críticas provenientes de la oposición –a las que se ha sumado la Federación Médica del Interior (FEMI)–, estas tres normas implican una verdadera revolución en la atención sanitaria de los uruguayos. La atención de la salud, al igual que otros tantos aspectos de la vida nacional, había venido sufriendo un progresivo deterioro como reflejo de la crisis estructural que padeció el país a partir de mediados del siglo pasado, crisis que los gobiernos que se sucedieron fueron incapaces de conjurar; aumento de la deuda, aumento del desempleo, pérdida del poder adquisitivo de los salarios, estancamiento de la producción, todo ello acompañado de una crisis moral y de un descreimiento generalizado, tuvo efectos en prácticamente todas las áreas del quehacer nacional.
El paquete de normas que integran la reforma de la salud intenta terminar no sólo con injusticias notorias sino, además, con la superposición de servicios y con un sistema caro e irracional. Pero lo más destacable de esta iniciativa gubernamental que está a punto de concretarse no bien la Cámara de Diputados apruebe el proyecto y el Ejecutivo lo promulgue, es la conciencia del gobierno de que hay muchas cosas a mejorar que se irán viendo sobre la marcha a medida que se implemente la reforma. El gobierno está demostrando –del mismo modo que con la reforma tributaria– una flexibilidad poco común, una disposición a rever medidas, a corregir posibles yerros, a incorporar sugerencias e iniciativas provenientes de la oposición política y de los actores sociales involucrados.
Entre las carencias que ofrece la reforma, es preciso señalar que hay sectores de la sociedad excluidos de la cobertura sanitaria; los desocupados, los trabajadores informales, y los jóvenes de más de 18 años que aún no se han incorporado al mercado laboral formal, no tendrán la cobertura del sistema. Desde luego que podrán asistirse en las dependencias de Salud Pública, pero no están formalmente integrados al sistema.
Pero independientemente de este problema que las autoridades se proponen resolver a la brevedad en la medida que el nuevo sistema se ponga en práctica, debemos señalar otros aspectos que se supone serán reglamentados convenientemente. Nos referimos concretamente a dos áreas de la salud que hasta hoy están de hecho casi excluidas de la atención brindada por las mutualistas: la salud psíquica y la salud bucal. En efecto, como si los dientes y las encías no pertenecieran al cuerpo humano, como si la salud bucal fuera independiente del resto, hasta ahora no se la ha considerado como un aspecto más de la salud del ser humano. Es así que los afiliados al sistema mutual han debido atender caries, piorreas, gingivitis, infecciones y otros innumerables males que ocurren en la boca de hombres y mujeres con odontólogos privados al margen de la cobertura sanitaria de las IAMC. Esta absurda y arbitraria separación debe necesariamente borrarse de modo definitivo de manera tal que un dolor de muelas sea atendido de la misma manera que un gastroenterólogo atiende un problema intestinal o un cardiólogo una afección cardiaca. Y conste que no nos referimos solamente a los aspectos médicos sino que incluimos en la atención bucal todo lo relativo a prótesis dentales, cuyo costo excede largamente las posibilidades de los usuarios medios, puesto que no hay que perder de vista el lado estético que se vincula directamente con las posibilidades laborales; es muy difícil que alguien, por mejor preparado que esté para desempeñar una tarea, sea contratado si le faltan piezas dentales.
Y en lo que tiene que ver con la salud mental, entendemos que la misma no debe limitarse a la prescripción de psicofármacos. Debe, también, incorporar psicoterapias así como la posibilidad de internación sin límites temporales.
En fin, hay mucho por hacer. Esperamos que esta reforma sanitaria sea el primer paso hacia una verdadera atención integral de la salud. *
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